viernes, 6 de marzo de 2015

En aumento el sacrificio de animales en las esquinas de La Habana

Un hombre que practica la santería pide limosna en una calle de la capital. Foto: Luis Sánchez.

Por Mario Hechavarría Driggs/ Hablemos Press.

LA HABANA.- Justo en la esquina de las calles Belascoaín y Figura, a la entrada de la Escuela Secundaria Básica Urbana “Bartolomé Massó”, una cabeza de cerdo se pudre desde hace tres días dentro de una cazuela de barro, sin que persona alguna se atreva a tocar esta ofrenda típica de la santería.

No es el único caso, al menos en el municipio Centro Habana. Casi todas las esquinas están invadidas de tales ofrecimientos. Predominan los animales domésticos: aves de corral, palomas, carneros y el mencionado cerdo, aunque pueden encontrarse especies del hábitat salvaje.

Consultando a un amigo santero, el mismo me explicó que se trata de “darle de comer al muerto, o a los muertos, los egguns, espíritus que nos rodean”, según viejas prácticas de origen africano.

En sus orígenes, dichas ceremonias se hacían en el monte. Hoy, La Habana reúne a más de dos millones de personas, muchas de ellas adeptas de una forma u otra a la santería. No hay matorrales cercanos, por lo cual se imponen las cuatro esquinas.

Las prácticas yorubas son respetadas inclusive por los no creyentes; ya que esta superstición está muy arraigada. Por ello, es difícil encontrar opinantes, pero los miembros de las brigadas de Salud Pública, encargadas de velar por la higiene ambiental, no pueden callarse:

Raiza: “Imagínate, el otro día tropecé con un plato apestando a carne descompuesta al final de un pasillo donde viven cinco familias. Lo indicado es retirarlo, pero alguien pagó por la ceremonia y cree que de esto depende su salvación, ¡quién se atreve a contradecirle!”.

Andrés: “Otra tragedia son los vasos de agua. Uno tiene que imponerse cuando se ven las larvas de los mosquitos, porque la gente se te enfrenta, pero así somos los cubanos, creyentes todos”.

Las cuatro esquinas, o cualquier punto de una cuadrícula urbana, seguirán invadidas de ofrendas. El estrés aumenta diariamente, la impotencia encuentra refugio en la religión. 

La gente quiere respuestas directas, soluciones a los problemas cotidianos, por eso la mayoría prefiere la simplicidad y naturalidad de la santería. No esperan la salvación eterna, les basta con resolver de alguna manera la situación del hijo preso por robarle al Estado o del posible viaje al exterior de la hermanita que anda con un turista.

Seguiremos dándole de comer a los difuntos mientras no podamos ganarnos honradamente el pan nuestro de cada día, bien reza el refrán yoruba: “El muerto parió al santo”.


VIDEOS