jueves, 12 de marzo de 2015

Dialéctica de la vida cubana + (24 fotos)


Por Luis Sánchez/ Hablemos Press.
LA HABANA.- La humanidad está en un desarrollo constante. Son muchos los esfuerzos y recursos que se gastan en pos de la longevidad. A nivel mundial, se han visto los resultados; pero en Cuba, podemos darnos cuenta del envejecimiento poblacional, la poca natalidad, los matrimonios que no tienen hijos por las afectaciones profesionales, la carencia de apartamentos o viviendas y la carestía de los alquileres.
Los grandes consorcios destinan anualmente millones de dólares en cosméticos. Hay cirugía plástica, con fines de embellecimiento. Los gobiernos gastan en medicamentos y seguros de vida miles de dólares al año. Hacen grandes esfuerzos por disminuir la mortalidad infantil, brindan ayuda económica. En fin, cada nación hace sus programas para mejorar la calidad de vida del ser humano.
Existe en Cuba una política para la atención a los ancianos. Esta se suma a los proyectos creados para facilitar una vejez decorosa, los círculos de abuelo, las casas del adulto mayor, los comedores para familias de bajos recursos, así como las instituciones culturales que realizan desayunos con actividades didácticas.
El Estado cubano hace su mayor esfuerzo en trazar estrategias para facilitar estas acciones… pero ¿por qué no se cumplen en su totalidad?, ¿por qué no se trabaja eficientemente? En ocasiones, la idea solo queda en papeles o frías estadísticas, en parámetros a cumplir.
Conozco a un señor que se la pasó trabajando desde que era un niño. Hoy tiene ochenta años y ya el almanaque pesa sobre su espalda. Está cansado, pero mentalmente lúcido y con las preocupaciones de una persona que durará unos años más pero no sabe cómo.
Este señor se da cuenta de que su economía cada día es menos suficiente, del encarecimiento de los productos de primera necesidad, de que su dinero del retiro no le alcanza para comprar un par de tenis para sus pies cansados.
La calidad de su alimentación es insuficiente; son muchos los renglones que debería tener cubiertos para garantizar su salud, productos como la leche, el pescado, la carne, los vegetales, los cítricos, el yogurt, las frutas y algunas otras cosas que debería consumir y que no lo hace por falta de recursos.
Me cuenta que durante toda su vida ha sido una persona muy ahorrativa, que intentaba cubrir las necesidades de la casa sin ostentación, que abrió una cuenta de banco para tener un dinero extra en la vejez creyendo que el sistema social por el que había luchado era justo y sincero.
Hoy, años después, sin fuerzas ya para salir a trabajar, se da cuenta de que su dinero cada día se gasta, que no hay correlación salario-precios-nivel de vida, que se siente sin fuerzas y los años cuentan.



















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