martes, 31 de marzo de 2015

Despilfarro y fieles sin derechos. Sobre carta a obispos por descontrol

Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.

LA HABANA.- Continúa sin respuesta la carta* redactada al Cardenal Jaime Ortega y al Consejo de Obispos Católicos de Cuba, sobre las irregularidades cometidas en una parroquia de La Habana por el párroco Luis A. Formoso, en su mudanza. 

Sobre su publicación, a través de la agencia de prensa Hablemos Press, he recibido diferentes opiniones por parte de hermanos de la parroquia. Unos, reprochan amablemente mi acción, y establecen el origen de algunas de las imágenes y cuadros a los que se hace alusión en la carta, como propiedad del párroco, ya sea por concepto de obsequio o como restauraciones gracias a sus ingresos personales.

Otros confirman que hubo robos materiales y mala administración en las reparaciones de (la parroquia de) Jesús del Monte, y atribuyen los problemas pastorales y el carácter del párroco expuestos por mí, a que "el Padre es un santo que no tiene los pies en la tierra".

Reconocen como inocente excentricidad su afán por acumular imágenes (no devuelve "la mía", ni con carta pública). Unos creen que incurrí en ataque personal; otros no, pero sí que en mi carta muestro "rabia".

Callar "evangélicamente" sobre la negligencia económica y pastoral del Padre ―de la que creo más responsable al Cardenal― produciría males mayores, como que, por amable, predicador y ceremonial, le otorguen (a Formoso) un obispado o una donación extranjera, para felicidad de administradores no santos.

O que con sus faltas perjudique a su actual parroquia de El Salvador, como hizo con la de Jesús del Monte, cuando ―repito― podría laborar bien, si fuera dirigido y no director. 

Pero no creo útil concentrarnos en el párroco Formoso, salvo porque es la punta del iceberg de un descontrol administrativo que favorece la malversación a todos los niveles.

Es inevitable la mención personal para alertar de ese mal y evitar que los "santos despistados" sean útiles a los malversadores eclesiales y gubernamentales, o éstos eludan su responsabilidad con el "yo no fui, yo no sé, suspendo en mis deberes pero soy un buen muchacho". 

Muchos males genera la permisividad de lo ilegal que corrompe a las  asociaciones religiosas invocando el "es buena persona", y principios como la mansedumbre, la indulgencia, el no juzgar, la tolerancia, como salvoconducto para abusos de cargo e impunidad de los líderes por sus faltas.

Enajenar a los miembros de todo derecho personal y colectivo, y de participación en las decisiones: "No soy nadie para opinar y "peco" si pienso mal del pastor que obra mal", o "no tienes pruebas" (ni  las tendré porque "arriba" practican el secretismo: lo cual es prueba en sí).

Fenómeno humano que viola los códigos de derecho y de moral que rigen esas sociedades ―o deberían regirlas― para protegerlas de tal mal; códigos en los que fundan su autoridad los líderes que los violan. 

Si quien pide control es un mal católico, el Derecho Canónico Económico, cuerpo legal que norma a la Iglesia y que obispos y curas están en deber de cumplir, ¿es malo para la Iglesia? ¿Es malo que los custodios de esas leyes cumplan su voto de obediencia? 

¿Derecho canónico y derechos humanos son anticristianos?  ¿No tienen los fieles dentro de su Iglesia derecho a la propiedad, la libertad de expresión, la libertad de información, a pedir cuentas claras y opinar sobre la administración de los bienes terrenales por "sus servidores"?

Las denominaciones evangélicas tienen asambleas en que sus líderes rinden cuentas dando a conocer a los miembros los ingresos, gastos y proyectos en los que los fieles tienen voz y voto, ¡lo mismo hace la Iglesia Católica en los EE.UU.!
Si en Cuba estos mecanismos protegen bien poco de la malversación a las iglesias evangélicas, ¿qué queda para las comunidades católicas desprovistas de ese control mínimo por la grey y donde todo gasto es secreto? 

Ignoramos qué sumas recibe y entrega el obispado a los párrocos y a qué los destinan. ¿Ven a los laicos como al enemigo?

Convertido el servidor público en amo, señalarle errores es traición a la Fe, pensar que algo funciona mal crea sentimientos de culpa, el raro que reclama recibe rechazo de los hermanos, cuya conciencia de la contradicción entre lo que es y lo que debería ser temen expresarla  hasta a sí mismos.

Conflicto tan perturbador que activa la defensa psicológica de la negación de la realidad: "Todo está bien en mi Iglesia, lo que vi, oí o pensé es falso o insignificante, me arrepiento de mis malos pensamientos y ya me siento aliviado".

Ello desprotege ―más bajo un totalitarismo como el de Cuba―, hace gobernables a las asociaciones por quien controle a esos jefes fuera de todo control. 

Desprotege del Estado, que coacciona y hace títeres a líderes ―particularmente si pecan o malversan― y de "siervos de Dios" hacen delincuentes que explotan a "sus" asociaciones como a fincas propias.

Ocurrió con la masonería cuando la policía política le infiltró un agente como Gran Maestro ―después Gran Secretario que fabricó Grandes Maestros títeres suyos―. Tiranizó, corrompió y "negoció" con el Estado contratos de reparación del Gran Templo. 

Con menor nivel, "conversas" comunistas devoran la Parroquia de La Medalla Milagrosa. Más, la dictatorial Convención Bautista de Occidente y otras que siguen los pasos del Gran Maestro chivato, porque la Seguridad del Estado y los aprovechados no necesitan un método distinto para cada asociación.

En su Cardenal Jaime Ortega, el párroco avaro de sus imágenes tiene su contrapaso por la prodigalidad de permitirle cero inventario y por suntuosos proyectos que conocí por empleado del Arzobispado.

Sus Excelencias obispos de Cuba: Les pido informen si es cierto que proyectan dotar a la Catedral de La Habana, no de las reparaciones que necesita sino de un sistema de aire acondicionado y de un baldaquín a imitación del que cubre el altar en la basílica de San Pedro en Roma.

Respondan: ¿Cuántas decenas de miles de euros costará? ¿Quién los dona? De ellos ¿cuántos ganará el Estado? ¿Cuánto demorarán en romperse debido a instalarlos antes de reparar la Catedral?

Si cualquier gobierno hiciera un proyecto así, lo cuestionaría la prensa sospechándolo de negocio turbio.

¿También son Sus Excelencias santos que administran mal por muy espirituales? ¿No se enteraron de la miseria que sufre el pueblo de Dios o tanto lo desprecian como para proyectar tal despilfarro?

*Para ver la carta abierta, antecedente de este trabajo, buscar en Hablemos Press: "El párroco robó imágenes y el Arzobispo Jaime Ortega es responsable".        

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