miércoles, 18 de marzo de 2015

Cidra, una comunidad dormida


Por Oscar Sánchez Madan/ Hablemos Press.

MATANZAS.- Con algunas de sus calles afectadas por los añejos baches y perros vagabundos y hambrientos, despierta Cidra cada mañana. Esta localidad, fundada en tierras de Santa Ana, en el año 1794, está ubicada en el actual municipio Unión de Reyes, provincia Matanzas.

Pocos de sus pobladores recuerdan las obras sociales realizadas con presupuesto  municipal entre los años 1952 y 1959, antes de la llegada al poder del régimen comunista. Estas, incluyeron la construcción de un parque en la calle Madan, la reconstrucción del cementerio y de un matadero de reses, hoy inexistente. Además, el aumento a un 75 % del alumbrado público, la reconstrucción de la casa “Ayuntamiento” y el mejoramiento del acueducto.
  
Hoy, sus habitantes se quejan del deplorable sistema de alumbrado público, que en las noches presta servicio a menos de un 15 % de la comunidad. Protestan además por los problemas existentes en el abastecimiento de agua potable y por el trabajo que pasan para trasladarse hacia otras localidades.

¿Y en el cabaret? Ron, cerveza y cigarros. Opciones de los fines de semana para los jóvenes que buscan esparcimiento. Ellos, muchas veces tienen que trasladarse a otras localidades para asistir a discotecas.

La biblioteca local, a esa hora, permanece cerrada, y en la Casa de la Cultura no siempre se ofertan eventos artísticos.

Los fines de semana se perciben grupos de muchachos embriagados que vociferan en el parque, ubicado frente a la clínica de la comunidad, e interrumpen el sueño de los vecinos durante las madrugadas, enrareciendo el ambiente con frases obscenas y/o canciones de mal gusto.

“Sergio, el hijo de Úrsula, perdió un ojo cuando el Chepo lo golpeó para defenderse del machetazo. Al  Chepo lo jodieron con cuatro años de prisión”. Estas, fueron palabras de un adolecente sobre una de las riñas acontecidas hace poco.

Observar a Cidra en horario nocturno es como ver un cementerio. Un silencio casi sepulcral que hiela la sangre y solo se rompe con la gritería de los borrachos, es evidencia del significativo escurrimiento de una población que, para mitigarlo, se entrega a la ingestión de bebidas alcohólicas, o se deleita con audiovisuales pirateados en Internet.

El gobierno municipal ha orientado a sus funcionarios que incrementen los eventos culturales y recreativos para apartar a los jóvenes de la política y de los hechos delictivos. Sin embargo, se ha hecho muy poco para que se cumpla ese ambicioso proyecto.

Cidra es y será por algún tiempo una comunidad dormida, donde la policía y los tribunales de justicia casi nunca descubren y procesan a los verdaderos ladrones, y en la que escasea el empleo y más del 99% de sus pobladores no cuentan con una computadora o teléfono para comunicarse.

Esperemos que los cambios políticos y económicos que se avecinan en Cuba, impulsados por la emergente sociedad civil, transformen el triste panorama en que se desarrolla la vida de sus miles de habitantes.

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