lunes, 16 de febrero de 2015

Por el bien común, hablando claro


Por Dr. Darsi Ferret.
MIAMI, FLORIDA, 16 de febrero.- Una frase tan manida como: “actuar siempre del mismo modo con la pretensión de obtener un resultado diferente…”, describe al detalle el comportamiento de los principales líderes de la oposición de dentro y fuera de la Isla.
Se puede asumir que todos sienten un verdadero compromiso por Cuba y la suerte del pueblo atrapado bajo la bota de la dictadura, pero hasta ahora se carece de madurez política y, sobre todo, visión estratégica. Y este no es momento de callar, sino de ser bien autocríticos y llamarnos la atención sin contemplaciones. Está en juego el futuro de nuestra patria.
La mayoría de los grupos opositores enfocan su labor en llamar la atención de la comunidad internacional, lo que representa un escenario de lucha válido, pero no esencial. Ningún gobierno o institución foránea irá a la Isla a liberar a los cubanos. De hecho, lo que ha primado todas estas décadas es la complicidad generalizada hacia los Castro y su claque, y la indiferencia respecto al sufrimiento de sus víctimas.
El ejemplo clásico es la perenne creencia de que EE.UU., en algún momento, resolvería el asunto cubano. Se saltan a la torera que la administración de Dwight D. Eisenhower ayudó de modo determinante al derrocamiento del gobierno de Batista, retirándole su apoyo, y facilitó la toma del poder por Fidel Castro, en 1959.
El presidente John F. Kennedy dejó desamparados a los brigadistas cuando el desembarco, y luego de la crisis de los misiles vino el Pacto Kennedy-Khrushchev, por el que la Casa Blanca se comprometió a no agredir al régimen de La Habana, aceptando de facto su existencia.
Y hoy, cuando el desplome de los Castro se acerca ante el inminente descalabro del chavismo y la pérdida del subsidio multimillonario de sus petrodólares, el vecino del Norte vuelve a interceder para oxigenar a la cianótica dictadura con el pretexto de que la política del embargo no ha funcionado por cinco décadas.
Lo que no dicen es que la caída abrupta de los Castro amenazaría directamente la seguridad nacional de EE.UU. y eso es algo con lo que no quieren lidiar. Evitar el vacío de poder y la inestabilidad en la Isla debido a un estallido social, que empujaría al éxodo masivo y brindaría la posibilidad de que Cuba se convierta en base y refugio operativo del narcotráfico y el terrorismo internacional, es el verdadero interés del restablecimiento de las relaciones bilaterales entre EE.UU. y Cuba.
Algo que aparenta la compilación del absurdo es la cantidad enorme de cartas, declaraciones, programas políticos que, supuestamente, representan la fórmula de la libertad de Cuba. Y en este punto es obligatorio revisar la infinidad de dictaduras que han existido, y constatar que absolutamente ninguna ha desaparecido a consecuencia de unas hojas de papel con escritos de reclamos.
Seguir insistiendo en ese método como solución es dar por hecho que los Castro irán para el Record Guinness, como los primeros dictadores derrocados por la fuerza de un papel con trazos de escrituras.
Los venezolanos no han removido los cimientos del chavismo en estos tiempos, poniéndose de acuerdo en unos cuantos puntos, ni por efecto de una declaración escrita por la oposición. Son las acciones populares masivas, lideradas por los estudiantes y algunos dirigentes opositores los que han puesto en aprietos al régimen de Nicolás Maduro.
En Rumania, Nicolae Ceaucescu no cayó por la fuerza de un documento escrito por la disidencia, fue la acción del pueblo enardecido la que lo destronó. Lo mismo pasó con el libio Muanmar el Gadafi, el egipcio Hosni Mubarak, el alemán Erich Honecker, el polaco Wojciech Jaruzelski, el tunecino Ben Ali y más recientemente el ucraniano Viktor Yanukovych.
Similar de absurdo resulta continuar enfrascados, como principal labor, en demostrar que los Castro y su dictadura son malos. Se pueden señalar dictaduras que han tenido un impacto positivo para las economías de sus pueblos, tal es el caso del régimen dictatorial de Augusto Pinochet en Chile, o de Lee Kuan Yew en Singapur, Haji Mohammad Suharto en Indonesia, y hasta Francisco Franco en España, pero todas, sin excepción, se caracterizan por cometer abusos, atropellos e injusticias, al desconocer o violar las libertades y derechos básicos de sus ciudadanos. Así que se trata de re-demostrar lo obvio cuando al cabo de más de medio siglo el enfoque opositor se canaliza en mostrar la maldad de la dictadura de los Castro.
Llueven las críticas que responsabilizan al pueblo cubano de no sumarse a la oposición para acabar con el régimen opresor. Como la mayoría de la población se mantiene apática e indiferente al reclamo político se les valora de cobardes.
Sin embargo, a los líderes de la oposición de una y otra orilla, si algo les ha sobrado hasta hoy, son los motivos y justificaciones para no unirse entre ellos y luchar contra la dictadura en un frente común. La oposición sudafricana que combatió al régimen de Pretoria articuló como proyecto de unidad el Congreso Nacional Africano, que sirvió de referencia y alternativa a la población para sumarse a la lucha por la libertad.
En Chile, los opositores crearon la Concertación de Partidos por el NO. Los polacos tuvieron su Sindicato Solidaridad. Carta 77 fue la herramienta de unidad de los checoslovacos, y hasta los venezolanos hallaron el modo de nuclearse en la Mesa de la Unidad Democrática.
A estas alturas, la oposición cubana no es otra cosa que una infinidad de grupos fraccionados y divididos unos de otros, tanto dentro como fuera del país. Esa realidad hace que el pueblo no tenga ningún referente de solución al cual ligarse.
Las iniciativas por lograr la unidad siempre han estado presentes, aunque todas han terminado en fracaso. Los ejemplos sobran: Concilio Cubano, Todos Unidos, Proyecto Varela, El Parlamento Cubano, La Asamblea Para Promover la Sociedad Civil…
Entre los factores principales de esta infructuosa deriva destacan las ambiciones personales, el caudillismo y las miserias humanas. Pero salta a la vista que operativamente el denominador común en todos esos esfuerzos ha sido el propósito de alcanzar la unidad desde los conceptos, siguiendo unos cuantos puntos establecidos.
Si ese esquema ha demostrado que no funciona, por las razones que sean, no resulta racional ni tiene sentido obstinarse en repetirlo hasta el infinito. Por mucho que se empuje un muro no habrá modo de desplazarlo. Lo razonable sería sacar experiencias de los fracasos anteriores e intentar el diseño de estrategias nuevas que ofrezcan la oportunidad de alcanzar el resultado.
Una manera de intentar la unidad desde otra perspectiva y valorando el estado precario en el que se encuentra la oposición cubana, por estar atomizada y dividida, seria intentarla desde la acción. La Cumbre de las Américas organizada por la OEA y que en abril se celebra en Panamá, constituye una buena oportunidad para avanzar en el propósito unitario. Ese evento que reunirá a todos los presidentes del hemisferio captara la atención de la prensa y la comunidad mundial. Lo garantiza la presencia, por primera vez, del dictador Raúl Castro junto a Barack Obama. Esta situación hace que, además, el tema Cuba sea el centro del foco de interés.
No resulta comprometedor, ni demasiado complejo, que los grupos opositores de dentro y fuera de la Isla, se junten en la acción y trabajen de manera coordinada en la realización de una Cumbre Paralela en Panamá. Tan solo se necesita alquilar un local y asistir los que puedan, representando a la oposición y la sociedad civil cubana.
En ese lugar se podría montar un centro de prensa, además de mostrar exposiciones audiovisuales y de fotografías que reflejen la realidad de la Isla. También se puede destinar un espacio del local donde poner el micrófono de la campaña #Yotambienexijo que no pudo materializarse en la Plaza Cívica de La Habana.
Y cantantes patriotas como Aldeanos, Raudel Collazo, Willy Chirino, Amaury Gutiérrez, Pitbull… pudieran complementar las actividades con sus actuaciones.
Esa unidad física de la oposición y la sociedad civil en la acción se reforzaría trabajando en firmar por todos y entregar a la prensa un mensaje común que proyecte la Cuba que se quiere y por la que se lucha. Donde se consigne el reclamo de libertad, democracia, justicia social, Estado de Derecho y oportunidades de vida digna para todos los cubanos.
Se pueden organizar para esa fecha acciones similares y conectadas a la Cumbre paralela en Cuba, Miami, Puerto Rico, y donde quiera que haya comunidades de cubanos. 
Aunque parezca que el propósito de un evento de esa magnitud estaría dirigido a captar el interés de la prensa y la comunidad internacional, su verdadera importancia sería obtener una gran victoria para regalársela a la oposición y, más que todo, para regalársela al pueblo cubano.
Después de medio siglo de fracasos, ese triunfo constituiría una inyección de adrenalina directa en vena, que empujaría a la oposición a seguir junta en proyectos de mayor calado y el pueblo podría al fin identificar un frente opositor unido, como referente y alternativa a la cual sumarse en bien de lograr los cambios políticos añorados por todos.
Solo se requiere de juntarse para trabajar coordinadamente en esa mínima acción que representa Panamá, que sería un pequeño paso, pero de una significación tan enorme como el que dio el astronauta Neil Armstrong en la Luna.
Los hechos están claros, aún hoy, la oposición cubana constituye una fuerza moral, que carga sobre sus hombros una obra encomiable de sacrificios y dignidad. Lo demuestra la historia de los miles de presos políticos, los fusilados y el valor de los que se siguen enfrentando a la dictadura.
No obstante, queda la tarea pendiente para la oposición de avanzar y convertirse en fuerza cívica. Esto solo se consigue vinculando amplios sectores sociales a sus agendas por el cambio de régimen. El objetivo primordial tiene que estar enfocado en ganar peso político, y ese se obtiene sumando pueblo a su lucha. El modo de atraer a la población es comenzar por juntarse en un frente opositor que se convierta en la alternativa.
De nada vale insistir en proyectos de solución para Cuba si antes no se busca la solución de como unirse para ganar fuerza. Igual al proceso de crecimiento de un niño, es obligatorio empezar por gatear, luego caminar y después correr.
Algo parecido es el desafío que tiene la oposición para ganar el peso político que la haga determinante en los sucesos de cambios políticos en el país. No hay que continuar buscando que otros protagonistas resuelvan el problema. Hasta esos actores, quiéranlo o no, tendrán que aliarse y empujar junto a la oposición el día que se haga fuerte con la suma de gran parte de la población de su lado combatiendo a la dictadura.
De lo contrario, si la oposición no encuentra la manera de unirse y juntar pueblo a su lucha, seguirá en las gradas como simple espectador o, a lo sumo, protestando detrás de cada movida del régimen o de otros protagonistas como acaba de suceder con la decisión de la Casa Blanca de restablecer relaciones con la dictadura. Después vendrá la movida de la Unión Europea desarticulando la Posición Común, y así sucesivamente.
Hay cientos de miles de cubanos a la espera de encontrar el modo de sumarse a la lucha por liberar a su patria. La esperanza para ellos es que un día el pueblo de la Isla encuentre la vía de ser libre, con o sin la participación decisiva de la oposición.   

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