miércoles, 4 de febrero de 2015

Escamoteo político de la jerarquía católica cubana

Feligreses en la iglesia Santa Rita de Casia en La Habana. Fotografía del autor.

Por Mario Hechavarría Driggs/  Hablemos Press.

LA HABANA,  4 de febrero.- La primera visita de un pontífice a Cuba, hace 18 años, fue recordada el pasado 29 de enero por los canales de la televisión nacional, con imágenes de Fidel Castro junto a Juan Pablo II en su estancia en la capital cubana.

En este contexto, el arzobispo de La Habana, Cardenal Jaime Ortega Alamino, espera su obligado retiro, próximo a cumplir los 79 años de edad, sin conseguir el fin de la represión contra los opositores pacíficos cubanos, y el movimiento “Pastores por el Cambio”, liderado por el reverendo pentecostal Alejandro Hernández Cepero, quien aún espera la respuesta legal a una demanda presentada meses atrás ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, apoyándose en el artículo 88, inciso g, de la Constitución vigente.

Hernández Cepero se encuentra bajo permanente acoso policial, varias veces citado por la policía sin causa judicial alguna, al reclamar algunos derechos ignorados por el ateísmo comunista, como son la permisibilidad de escuelas religiosas más allá del control gubernamental y una auténtica libertad de expresión y asociación.

De acuerdo a un reporte del periodista independiente León Padrón Azcuy, publicado en el sitio digital Cubanet, “este líder cristiano venía apacentando fieles en la provincia de Artemisa, a los que le inculcaba constantemente la necesidad de exigir cambios que facilitaran un papel más inclusivo del cristianismo en la comunidad. Fue entonces que las instituciones del gobierno de este territorio empezaron a frenarlo, llegando incluso a amenazarlo con la cárcel, o la confiscación de su iglesia.”

Por su parte, la jerarquía católica concretado en la persona del Arzobispo, se ofrece como oportuno mediador para el gobierno comunista, mejorando así su imagen, asociada a procesos positivos como la liberación de prisioneros o el mejoramiento de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, sin arriesgar nada en la batalla.

En su afán de mostrarse como intermediario confiable, el obispado católico cubano llega al extremo de ceder ante cualquier presión gubernamental. Un buen caso fue el relevo definitivo del editor y periodista Dagoberto Valdés, quien desde las páginas de Vitral, revista de la diócesis en Pinar del Río, escribía atrevidas denuncias contra las libertades negadas a sus compatriotas.

Contrastando con el obispado católico cubano, está la actitud del padre Solalinde durante los trágicos sucesos de Ayotzinapa, así como otros sacerdotes católicos en diferentes países latinoamericanos.


Bajo la máxima de: “La Iglesia no es, ni puede ser el partido de la oposición inexistente hoy en Cuba”, es de creer que el purpurado cubano se retirará en paz, seguramente con felicitaciones del actual gobierno, viviendo junto a los demás miembros de la curia del país un genuino proceso de escamoteo político.

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