jueves, 12 de febrero de 2015

Entrevista a bici-taxistas: Otro día en la capital cubana + (20 Fotos)

Las fotos que acompañan esta nota fueron tomadas por el autor.

Por Luis Sánchez/ Hablemos Press.

LA HABANA, 12 de febrero.- Hoy, por primera vez, utilicé como medio de transporte la lucrativa bici-taxi. Lleno de temor, bien aferrado, recorrí varias calles. El chofer, muy atento y respetuoso, tuvo en cuenta que se trataba de una nueva experiencia para mí, por lo que conversó un poco conmigo por aplacar mí excitado ánimo. Poco a poco, luego del sobresalto inicial, comencé a indagar sobre este oficio: 

Luis Sánchez: ¿Ustedes pagan licencia?

CHOFER: Sí

LS: ¿Puedes hablarme un poco sobre el tema?

CHOFER: La licencia se paga. Existen diferentes cuotas, en dependencia del municipio donde trabajes. Hay municipios que tienen más movimiento poblacional. Además, pagamos la seguridad social y un porciento (10 pesos) para el arreglo de las calles.

LS: ¿Y por qué hay bici-taxistas que se justifican para no dar viajes entre municipios?

CHOFER: Júralo. Cuando esto sucede, es porque no tienen licencia. Hay quienes trabajan por la izquierda y eso no les conviene. Generalmente hacen carreras cortas, pues si la policía los sorprende, les decomisa la bici.

LS: ¿Tú le alquilarías a uno de ellos tu bici? 

CHOFER: Yo ni loco hago eso. ¿No ves que por ganar algo de dinero puedes ponerte fatal? De esto depende mi trabajo.

LS: ¿Cuánto vale una bici-taxi?

CHOFER: Depende, pero las hay hasta de 400 dolares. Depende de las piezas con las que esté armada. El caché también influye.

LS: ¿Caché?

CHOFER: Sí, mira, algo que la encarece son las gomas con llantas de moto. El costo puede ser de entre 80 y 120 pesos convertibles. Una buena lona, sale en 20 o 25; el enrejado y el techo como en 30; los asientos pueden ser de 15, pero si son de guagua, salen en 40, y los piñones, entre 30 y 60. También los hay a quienes gusta niquelarla. Otros les colocan bocinas y luces, y para eso utilizan una batería de carro. Imagínate el peso que tienen que cargar. El que tiene una bici así, se cuida, y sólo circula en lugares céntricos y a determinada hora, pues sabe que pueden asaltarlo.

LS: ¿Cuál es el viaje más distante que has hecho?

CHOFER: El año pasado fui a El Rincón. El viaje duró 3 horas y media. El otro fue a la Marina Hemingway. Ese fue con unos extranjeros, ya sabes, hice de guía.

LS: ¿Qué tiempo llevas en La Habana? 

CHOFER: Llevo 19 años aquí. Desde que llegué de Las Tunas, esto es lo que he hecho.

LS: Oye, es allí. Ya llegamos. ¿Cuánto te debo?

CHOFER: Dame un CUC, es lo que vale.

LS: Pues gracias. 

Me despedí agradecido, pero con un montón de dudas rondando mi cabeza. Esa misma noche decidí indagar más sobre el tema. Así que, cámara en mano, salí a averiguar la historia sobre el origen de tan utilizado medio de transporte.

En la Terminal de trenes, ubicada en una zona bien movida del Municipio La Habana Vieja, me acerqué a un bici-taxista. Le expliqué mis intenciones y accedió amablemente a responder mis preguntas. 

LS: ¿Sabes desde cuando ruedan los bici-taxis en la ciudad?

CHOFER 2: Mira, remóntate a los años noventa. Ya sabes, la crisis, el Período Especial, los chinos, la fábrica de bicicletas Girón, su entrega en los centros de trabajo, los cubanos cruzando a pié el túnel de la Bahía. De las bicicletas chinas, algunos se hicieron triciclos para transportar mercancías. Ya sabes, para suplir la falta de transporte automotor. Los usaban por las noches para trasportar el equipaje de los viajeros que llegaban a esta terminal. Luego a alguien debe habérsele ocurrido ponerles asientos, perfeccionarlos. Y ya ves, el éxito que han tenido. Fue una época de mucha creatividad, ¿recuerdas las “riquimbili” moviéndose por toda la calle 23, con motorcitos de aparatos de fumigar? Hasta los discapacitados hicieron su aporte, adecuaron el vehículo rodante para hacer sus trabajos, llenar fosforeras, afilar tijeras, comercializar artículos de cualquier clase. Fue una época de innovación y lucha por la supervivencia.

LS: ¿Entonces el negocio lo comenzaron los habaneros?

CHOFER 2: Sí, los habaneros. Pero tú sabes, si en La Habana la cosa estaba dura, imagina en el oriente del país. Emigramos y alquilábamos entre dos personas una bici-taxi. Nos turnábamos para trabajarla. Pagábamos un cuartucho a la mitad. Muchos siguen aquí y ya son dueños de varias bici-taxis que alquilan a los novatos.

LS: ¿Cómo hacían para evitar los asaltos? 

CHOFER 2: Sí, discretamente andábamos con un arma; un machete, un tubo o un bate. Fue una época terrible. Conocí a quien que le cortaron desde el pecho hasta la barriga. Fue fuerte.

LS: ¿Y tú, qué crees del folklor de los bici-taxis?

CHOFER 2: No comprendo.

LS: Sí, los adornos, los refranes…

CHOFER 2: Bueno, eso es el arte del decorado. Figúrate, yo tengo un socio que le tiene puesto a la bici: “El papá de los pollitos”. No sé qué quiere decir, pero bueno, otros ponen banderas de equipos de fútbol, CDs, lo que les guste.

LS: ¿Este es tu único empleo?

CHOFER 2: Sí, yo sólo me dedico a esto. ¿Para qué más? Al día hago de 20 a 30 CUCs. Pero sí, hay quien trabaja por el día en alguna empresa estatal y por la noche hace sus carreritas.

LS: ¿Ustedes sacan los papeles y ya, a circular por la ciudad?

CHOFER 2: No, antes pasamos una pequeña escuela. Parecida a la de automovilismo. Ya sabes, para que conozcas lo esencial del tránsito.
LS: ¿Y la policía, cómo los trata?

CHOFER 2: Mira, ellos te piden la circulación. En ella hay un número que debe coincidir con uno que está grabado en la caña de la bicicleta. Tú sólo puedes circular con esa bici-taxi. Si no, te metes en problemas.

















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