miércoles, 4 de febrero de 2015

En manos de quién está el futuro de Cuba + (15 Fotos)


Por Luis Sánchez/ Hablemos Press.
 
Cuando llega el fin de semana, no sabemos qué hacer para estimular a nuestros hijos luego de cinco días de esfuerzo académico.

Es importante, aunque no existan recursos para llevarlos a parques de diversión u otros sitios de esta clase, estimular su desarrollo físico e intelectual a través del juego, hacer que socialicen con otros pequeños, dedicarles tiempo para asegurarnos que realicen las actividades que cada edad conlleva.

Incitarlos desde pequeños a pedir dinero, caramelos o cualquier otra cosa a los turistas, hacerles la vida “fácil” de esta manera, no sólo propicia el abandono de los estudios y provoca que luego no tengan la preparación necesaria para ocupar un puesto de trabajo digno, sino que deforma también su sistema de valores.

Aunque reconozcamos que los salarios no cubren las necesidades del día a día, incitarlos desde temprano a estas acciones, inhibe  determinados hábitos que deben inculcarse desde edades tempranas y que son inherentes a cualquier sociedad civilizada, como llegar temprano al trabajo, cumplir la jornada, trabajar con el ánimo que se requiere, etc.

Luego, convertidos nuestros hijos en jóvenes, son los que expresan “yo no le trabajo al Estado”. Pero en el servicio por cuenta propia tratan mal al cliente, se quejan también del salario. Entonces ¿a qué aspiran?

El relevo de cualquier sociedad son los jóvenes. Pero para que ese relevo tenga lugar, hay que prepararlos a conciencia.

Aquella máxima filosófica enarbolada a principios del año 59, desde luego, tomada del marxismo, que reza: “De cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo”, ¿dónde quedó? O es que ya no somos un sistema socialista… ¿Qué somos? Acaso una mezcla de lo Real Maravilloso con la Divina Comedia.

Es cierto que no todos los jóvenes piensan de esta manera. Los hay que se superan para lograr un status, llegar a ser profesionales, y piensan en el mañana porque todo puede cambiar.

Lástima que haya una generación que ha perdido la vida entre fantasías, Período Especial, engaños y necesidades por cubrir.


Las esperanzas no se deben perder. Quizás logremos ver el cambio, aunque pasará mucho tiempo para que el cubano recupere su identidad.














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