lunes, 9 de febrero de 2015

Cuba campeón de la Serie del Caribe, como el perro del hortelano

Cubanos en el Estadio Latinoamericano ante juegos nacionales. Foto: Hablemos Press.

Por Mario Hechavarría Driggs/ Hablemos Press.

LA HABANA, 9 de febrero.- El equipo Vegueros de Pinar del Río acaba de darle a Cuba su octava corona en Series del Caribe, luego de 55 años desde su último triunfo, cuando el Comandante en Jefe decidió liquidar el profesionalismo en el país, considerado, según sus palabras “la pelota esclava.”

Los cubanos no comenzaron con buen paso, perdiendo tres de los cuatro partidos en la etapa clasificatoria. Sin embargo, desbancaron en el cruce de semifinales al mejor elenco del torneo hasta ese momento, Venezuela, para finalmente vencer a México con un cerrado marcador de tres carreras por dos.

Es curioso ―pero nada casual―, que los héroes de las victoriosas jornadas finales fueran tres atletas pagados con millones de dólares en la liga profesional japonesa: Frederich Cepeda, Héctor Mendoza y Yulieski Gourriel. Esta vez, los nuevos “esclavos del deporte” decidieron el éxito nacional.

La televisión mostró a los Caribes de Anzoátegui partiendo bates y cascos, molestos por tan inesperada derrota frente a un conjunto cubano valorado de antemano como “muy inferior”. El trasfondo está en que estos venezolanos quedaron fuera de la discusión por el título y así, también del premio millonario reservado al campeón.

Qué decir de los Tomateros de Culiacán. Cuba los derrotó en buena lid, pero la victoria no significó dinero para los cubanos. Nadie ganó el premio en metálico. Desde el pasado año, las autoridades de La Habana aceptaron competir sin derecho a remuneración alguna, de acuerdo a las leyes vigentes en los EE.UU., de cuyos bancos parte el financiamiento del torneo. 

Los juegos finales, en los que Cuba luchó sus victorias, estuvieron matizados por sendas personas que invadieron el terreno de juego mostrando carteles que pedían el fin de la dictadura de los Castro. En ambas ocasiones, los incidentes terminaron sin violencia. Retirados los protestantes, se reanudaron los juegos hasta un feliz final para la Mayor de las Antillas.

La ceremonia final fue rápida, semejante a un trago amargo. Cuba se llevará a casa su trofeo, en tanto no hay claridad sobre los millones en disputa, pues México no tiene la categoría de campeón y Venezuela mucho menos.

Pasados tantos años “revolucionarios”, la pelota cubana regresa con mucho esfuerzo y algo de suerte al mismo lugar donde estuvo antes. Un equipo nacional ganó, pero muchos aficionados aquí y allá, dicen que mucho se ha perdido, pues como el célebre perro del hortelano, obedeciendo los dictados del gobierno de su país, los atletas nuestros “ni comieron, ni dejaron comer.”

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