miércoles, 7 de enero de 2015

Macabro porvenir para el camarada Nicolás Maduro

Imagen  Juan Carlos Briñas.

Por Dr. Darsi Ferret.

MIAMI, Florida, 7 de Enero.- Algo pueril como una simple disputa por el Mercado entre dos supuestos aliados, suele tiene consecuencias tan nefastas como descabezar a un tercero que se encuentra distante. Y es precisamente eso lo que sucede con Nicolás Maduro y su chavismo, víctimas directas y sin escape del forcejeo entre Arabia Saudita y los EEUU, en el intento de conservar su liderazgo como abastecedor de petróleo en la arena internacional.

Todo marchaba bien para los países de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), pero el influjo vertiginoso y turbulento de las tecnologías modernas lo cambiaron todo. Tienen medio asfixiados a aquellos países que no se prepararon para esta época de “vacas flacas” y que creyeron que la bonanza de los precios del oro negro era para siempre (Venezuela, Rusia, Irán).

El fracking o fracturación hidráulica de las rocas de esquisto y la perforación en aguas profundas, son métodos sofisticados de producir petróleo y gas que han tenido su florecer en los últimos años, y constituyen el resultado del avance de las nuevas tecnologías.

Estas modernas técnicas de extracción de crudo permitieron que EE.UU. aumentara en un 70% su producción con respecto al 2008, y que tuviera pronósticos de convertirse en autosuficiente antes del 2025, así como de dejar de ser el principal importador a nivel mundial.

De manos de lo fortuito, la convergencia de varios factores creó una mezcla arrolladora. La economía China se desaceleró de modo inesperado, y contrario a los pronósticos la Unión Europea, no alcanza su despegue económico y sigue con un crecimiento lento y zigzagueante, mientras los EE. UU. han reducido sus necesidades de importación de crudo en el mercado internacional. El resultado ha sido la disminución significativa de la demanda de petróleo, que ante una oferta creciente afecta los precios a la baja y de manera pronunciada.

Y aquí es donde está lo interesante, siempre que ha disminuido la demanda de los países de la OPEP, han utilizado el esquema de apretarse el cinto reduciendo las cuotas de producción y con ello mantener los precios del barril. Han aplicaban pura lógica matemática, o sea, si por cualquier razón cae la demanda ellos frenan la producción y conservan los precios. En esta ocasión, sorpresivamente, no ha sido así, y mientras los precios del petróleo se derrumban a la mitad, la decisión capitaneada por los saudíes es la de continuar el mismo ritmo de extracción. 

Lo que pudiera parecer irracional en el actuar de Arabia Saudita, tiene una explicación comprensible. A ellos y a otros países exportadores como Qatar y Emiratos Árabes, les cuesta de 3 a 4 dólares producir un barril de petróleo. Por ahora, para EE. UU. el costo de producción de ese mismo barril es entre 32 a 34 dólares. Estas cifras son las responsables de que Arabia Saudita prefiera batirse en una feroz lucha con EE. UU., dejando caer los precios para desestimular la inversión en la explotación de crudos mediante el fracking y en los pozos de aguas profundas, que no se hace atractiva con precios por debajo de los 60 dólares el barril. A costo de perder dinero ahora, los saudíes están defendiendo de modo determinado su posición en el mercado internacional.

Este pleito provoca bajas colaterales. Lejos del epicentro de la disputa entre las monarquías árabes y la potencia democrática, en Venezuela el chavismo convulsiona herido de muerte y sin la mínima posibilidad de sobrevivir. Después de disfrutar todos estos años del mayor boom petrolero de la historia nacional, el frenético saqueo chavista a las arcas del Estado tiene al país en la ruina y endeudado.

Sobre el gigante petrolero PDVSA, pusieron la responsabilidad de garantizar el 90% de los ingresos de divisas convertibles. Mientras lo exprimen como a una naranja sin jugo, cargaron también sobre sus espaldas el gasto de incosteables programas sociales, en medio de una galopante corrupción, la no inversión en la industria y la pésima gestión atada a los intereses políticos.

Los especialistas calculan que Nicolás Maduro requiere de precios del petróleo a no menos de 120 dólares el barril para poder sostenerse. La realidad es que el desabastecimiento crónico, la inflación desorbitante, los niveles catastróficos de inseguridad y violencia, el creciente y masivo rechazo popular, y para su desgracia la caída de los precios del petróleo, hacen que el sustituto de Chávez no tenga ninguna opción de amarrarse en el poder.
Para someter a la oposición y principalmente a sus rivales dentro del chavismo, Maduro no solo se enrocó con los cubanos, sino que lo hizo también con la facción de los narco-soles. Estos personajes constituyen un cartel de generales dedicados al contrabando de toneladas de drogas con la FARC colombiana y las bandas narcotraficantes de México y Centroamérica.

Además, son los máximos responsables de que Venezuela sea un narco-estado, calificando como uno de los principales distribuidores de drogas a nivel mundial. Estas circunstancias llevaron al chavismo a cruzar la raya y convertirse en una amenaza para la seguridad nacional de EE. UU., y esa es una cuestión prioritaria para los norteamericanos, de una sensibilidad extrema, con la que jamás se pasan con fichas.

Basta comparar que en el momento de dar el paso histórico de restablecer relaciones diplomáticas con Cuba, el supuesto enemigo irreconciliable, y dejar atrás medio siglo de beligerancia, el presidente  norteamericano, Barack Obama, firmó al día siguiente un paquete de medidas sancionando a funcionarios chavistas vinculados con las violaciones a los Derechos Humanos, relacionadas con las manifestaciones que tuvieron un saldo de 43 muertos y por las que todavía guardan injusta prisión varios líderes estudiantiles, exalcaldes y el reconocido opositor Leopoldo López.

Las sanciones constituyen un precedente letal para los mandamás chavistas, pues incluyen la negación de visas de entrada al territorio norteamericano, pero sobre todo el congelamiento de sus bienes.   


A quien le quede duda de la explosiva situación del camarada Nicolás Maduro, solo debe fijarse que cuando más apoyo necesitaba, su aliado “incondicional” y mantenido, lo abandonó del modo más cruel, o sea, sin ningún recato, pudor, ni clemencia. Simplemente Raúl Castro se fue en brazos de los americanos a comenzar un nuevo matrimonio feliz pasando raya al pasado.   

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