miércoles, 7 de enero de 2015

Los precios del petróleo y el nuevo ajedrez político

En Cuba el precio del litro del petroleo esta por encima de un dolar. Foto: Hablemos Press.

Por Dr. Darsi Ferret.

MIAMI, Florida, 7 de Enero.- Los planes concebidos por los cerebros superdotados de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) representan un jueguito de niños comparados con el diseño de contención puesto en práctica por un agente completamente distinto, uno que en pocos meses arrinconó a los principales enemigos de EEUU, que en este momento están con la soga al cuello y tambaleándose sobre el banquillo. El misterioso personaje es el Mercado, con la valiosa ayudita de las tecnologías modernas.

Si se sigue el ritmo a los acontecimientos globales queda claro que, en apenas unos años, los vertiginosos adelantos de la ciencia están consiguiendo desequilibrar el conocido orden mundial.

El influjo de las redes sociales de comunicación y el acceso a mayores cuotas de libre información provocó sacudidas telúricas en las sociedades del Medio Oriente durante la bautizada Primavera Árabe. También la virulencia y capacidades operativas de los grupos radicales y terroristas que odian a Occidente se fortalecen al compás del acceso a las modernas tecnologías.

Sin embargo, las oportunidades de nuevas técnicas de extracción de petróleo y gas cuentan como uno de los cambios más revolucionarios por sus drásticas consecuencias geopolíticas. La llegada a la industria petrolera del fracking, novedosa técnica de extracción de petróleo y gas mediante la fracturación hidráulica de la roca de esquisto, propició a EEUU el increíble salto de producir en la actualidad 9 millones de barriles de petróleo diarios, cuando en el 2008 la producción era de 5 millones.

Ese incremento aportado por las compañías energéticas estadounidenses, junto a la desaceleración de la economía china y el lento crecimiento de la europea, contrajeron la demanda en el mercado internacional con la consecuente caída de los precios, que ya va por más de un 40%.

Las monarquías árabes agrupadas en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) por vez primera se ven obligadas a aplicar un esquema diferente, o sea, en medio de la caída de los precios por disminución de la demanda no recortan la producción de petróleo, sino que, lideradas por Arabia Saudí, mantienen el ritmo normal de extracción de crudo. Estas circunstancias influyen en la saturación de la oferta en el mercado y que los pronósticos sean de bajos precios a corto y mediano plazo.

Muchos analistas y politólogos salieron con especulaciones que achacaban los bajos precios del petróleo a conspiraciones siniestras elaboradas por los aparatos de la inteligencia norteamericana en complicidad con gobiernos de países de Oriente Medio. Sobre todo ese tipo de vínculo se basó en la parte de quienes son las víctimas directas, como es el caso de Venezuela, Rusia e Irán, tres de los principales enemigos de EEUU.

La realidad, sin embargo, resulta más pedestre. Se trata de una razonable lucha por el mercado entre las naciones petroleras árabes y el nuevo infiltrado en ese terreno, los EEUU. La extracción de un barril de petróleo de sus pozos les cuesta a los árabes de 3 a 4 dólares.

Mediante el método del fracking, producir un barril tiene un costo para los yanquis de 32 a 34 dólares. Y la apuesta es concreta, con precios por debajo de los 60 dólares por barril no resulta atractivo invertir en la extracción del petróleo de las rocas de esquisto, pues casi no ofrece ganancias debido a los altos costos para producirlo. Y en eso están volcados los petroleros árabes, tratando de desestimular y sacar del mercado a su nueva competencia.

Experiencias de anteriores crisis por caídas de los precios hicieron que naciones como Arabia Saudí, Qatar, Emiratos Árabes, Kuwait, entre otros, hace años crearan fondos de reserva en épocas de bonanza, y esas cuantiosas reservas ahora les sirven para capear el temporal. En cambio, a otros países menos previsores los sorprendió el terremoto del desplome de los precios en condiciones de vulnerabilidad.

La peor situación la sortea Venezuela. El gobierno chavista tiene armado el acabose, con prácticas de saqueo total a las arcas del Estado. La nación está seriamente endeudada, y sufre de una corrupción galopante, enorme inflación de la moneda, altísimo grado de inseguridad y violencia, desabastecimiento de todo tipo y creciente rechazo popular al régimen. La estatal PDVSA es responsable del ingreso de más del 90% de las divisas que recibe el país. Y con esa dependencia del petróleo se calcula que requieren de precios alrededor de los 120 dólares el barril para que la infraestructura de la nación tenga oportunidad de funcionar adecuadamente. Con el barril de petróleo por debajo de 60 dólares como va ahora, Nicolás Maduro está más perdido que Martín en el bosque y el riesgo de estallido social le anda tocando a la puerta.

El desbarranque de Venezuela ya trajo su primera e inaudita reacción, y fue Raúl Castro, su mantenido y aliado “incondicional”, saltando a recomponer las relaciones con EEUU, rompiendo así más de medio siglo de enemistad. Ni corto ni perezoso, el dictador cubano, al ver en peligro el subsidio multimillonario que recibe de la patria de Hugo Chávez, no lo pensó ni un segundo para soltar las amarras ideológicas e ir en busca de los dólares americanos.

Una ruta parecida han de transitar los compañeros de Petrocaribe cuando vean afectadas las entregas de suministros de petróleo venezolano a precios preferenciales y ventajosos. Por su lado, en Mercosur, Alba, Unasur, Celac y demás organizaciones regionales, el peso geopolítico de los chavistas y su enarbolado discurso antiimperialista estaban respaldados por la facilidad con la que regalaron maletines cargados de petrodólares. Sin dinero no habrá influencias ni aliados políticos, y menos voz que sea escuchada.

Rusia vuelve a demostrar que más allá de sus pretensiones de grandeza conservadas de la época de los zares, es un país tercermundista exportador de materias primas, con un arsenal de bombas atómicas. La imagen de debilidad en la esfera internacional de Barack Obama y la dependencia de Europa al gas ruso, llevó a Vladimir Putin a atacar Georgia en el 2008.

El pretexto fue la defensa de la población rusa asentada en Osetia del Sur y Abjasia, dos regiones a las que terminó desgajando de Georgia y reconociéndoles su independencia y adhesión política al Kremlin luego de la contienda. La guapería le salió bien sin tener que asumir represalias de la comunidad internacional.

En febrero de este año la población civil ucraniana derrocó al dictador Viktor Yanukovich y ahí volvió Putin a aprovechar para meter las tropas rusas y garantizarse su área de influencia por la vía militar. En pocos días se anexó Crimea, que es donde radica la base de su flota del Mar Negro. Y todavía hoy apoya abiertamente con armas, recursos y efectivos a los grupos separatistas de las regiones del Este, enfrentadas en una guerra contra el gobierno ucraniano.

Estas acciones bélicas de Putin llenaron la copa de occidente y esta vez sí le valieron la aplicación de fuertes sanciones con un duro impacto negativo en la inversión extranjera, que alientan la fuga de capitales y han devaluado en un 40% la moneda del país.

La variable inesperada fue la caída del precio del petróleo, ingreso que para Rusia constituye la mitad del presupuesto de gobierno. Ahora anda chillando, con la amenaza de una fuerte recesión para el 2015 y el riesgo de desestabilización de la situación interna por la profundización de la crisis económica.

El apoyo y la ayuda a los rebeldes ucranianos pro rusos pronto entrará sin más remedio en fase de extinción. En medio de estas circunstancias la influencia y peso geopolítico regional de Rusia quedarán afectados y reducidos a dimensiones más reales.

El régimen fundamentalista teocrático de Irán es la otra gran víctima del desplome petrolero. Los ayatolas llevan años enfrascados en su pulso con occidente por la intransigencia en mantener su programa nuclear, que aunque afirman tiene fines civiles, se les acusa de pretender fabricar bombas nucleares. Después del derrocamiento de Sadam Hussein, la nación persa aumentó su hegemonía en la zona del Medio Oriente. Sus vínculos desafían claramente a las naciones occidentales al elegir como aliados y protegidos a gobiernos y organizaciones terroristas, como Bashar al Assad en Siria, la milicia chií libanesa Hezbolá y el grupo radical palestino Hamás. Su otra amenaza es que niega a Israel el derecho de existir.

La salida del anterior presidente de tendencia radical Mahmud Ahmadineyad, sustituido por el moderado Hasán Rouhaní, propició que Irán pudiera volver a entablar negociones con las potencias del llamado G5 + 1, o sea, los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (EEUU, Francia, Reino Unido, China, Rusia) más Alemania. Este regreso al camino de la civilidad le garantizó el alivio de algunas de las sanciones económicas, financieras y comerciales impuestas por occidente y que tenían bien resentida su economía.

No obstante, cuando la nación comenzaba a tomar un poco de oxígeno, nuevamente los precios del petróleo la lanzan de modo estrepitoso por el barranco de la depauperación económica.

El grueso de las sanciones que aún le mantienen los países occidentales y la pérdida significativa de ingresos por el bajón de la renta petrolera, hace vulnerable la posición de la parte iraní en la mesa de negociaciones, y esto puede obligarlos a ceder ante las exigencias de su contraparte. También compromete el volumen de la ayuda que brinda a sus problemáticos aliados.

Las monarquías petroleras del Golfo de mayoría suní constituyen una de las principales fuentes de sustentación y apoyo subrepticio que recibe la mayor amenaza con la que lidia por estos días el mundo occidental, la organización terrorista Estado Islámico. Esta es un clon desprendido de Al Qaeda, que se coló en vastas regiones de Irak y Siria donde intenta construirse un califato, y sus miembros son yihadistas que se rigen por la versión extrema de la Sharia, del ala radical de la religión suní.

En los territorios bajo su dominio asesinan con métodos brutales a todo el que consideren “infiel” o enemigo del Islam que profesan. La guerra del Estado Islámico también se dirige contra los practicantes de la Chía, por eso detrás del bando de los chiitas se coloca Irán apoyando con dinero, armas y efectivos militares, mientras Arabia Saudí y Qatar le garantizan ayuda a sus iguales suníes. Todo ese rejuego en la retaguardia tiende a disminuir en lo adelante por las cuantiosas pérdidas económicas devenidas de los bajos precios del petróleo. 
          

En fin, que a pesar de la cuestionable política exterior del presidente Barack Obama y sin que la CIA u otras dependencias de la inteligencia sean los que se apunten el mérito, hoy EEUU se encuentra en mejor posición frente a sus enemigos y peligros, muchos de los cuales están atenazados por la situación del petróleo y verán reducidas sus capacidades de malignidad. Así son las cosas del Mercado, de las modernas tecnologías o del destino, como se prefiera llamarle.

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