martes, 20 de enero de 2015

Expectativas sobre conversaciones Cuba-EE.UU.

Fotografía tomada de Archivo fotográfico CubaRaw.

Por Osmel Almaguer/ Hablemos Press.

LA HABANA, 19 de enero.- El diario Granma, Órgano Oficial del Partido Comunista de Cuba, en su edición correspondiente al viernes 16 de enero dio a conocer, bajo el título “Entrarán en vigor nuevas medidas de Estados Unidos respecto a Cuba”, las regulaciones que un día antes anunciara el gobierno norteamericano, en aras de una posible sistematización de sus relaciones con el gobierno de la Isla.

Las mismas, entraron en vigor el propio viernes, en franco cumplimiento de las declaraciones brindadas el pasado 17 de diciembre por el presidente Obama. Ahora, quedará esperar los resultados de las próximas conversaciones, cuya primera ronda está concebida para los días 21 y 22 de enero, en La Habana. Con este objetivo, se espera la visita de la delegación norteamericana, encabezada por la subsecretaria de Estado para el Hemisferio Occidental, Roberta Jacobson.

Expectativas y recelos progresan acumulativamente desde ambas orillas. Se escuchan declaraciones que respaldan o deniegan el posible acercamiento. Sectores humildes de la población cubana, según entrevistas recogidas por la Agencia de Noticias Hablemos Press,  mantienen una postura optimista y esperan el mejor resultado posible (acaso una relación armónica, donde la circulación financiera beneficie tanto al pueblo cubano como a los empresarios norteños).

El sector comercial norteamericano, deseoso de invertir en un país de infraestructura precaria, tal vez esté deseando que los acuerdos lleguen a feliz término.

Por otro lado, entre los opositores al gobierno cubano prima el escepticismo. Esperan que en algún momento de las negociaciones, la consabida rigidez ideológica de los Castro salga a relucir, haciendo que todo diálogo resulte imposible. Algunos de ellos basan su manera de pensar en los “cincuenta años de escuchar mentiras”, mientras otros prefieren esperar antes de expresar sus opiniones.

Igualmente, parte del senado norteamericano se opone a normalizar las relaciones: “Es una falacia que el régimen cubano vaya a cambiar por el hecho de que el presidente de Estados Unidos les extienda su mano. Es un premio que el régimen de los Castro no merece y que además va a perpetuarlo”, afirmó el senador demócrata Robert Menéndez en una intervención ante el pleno de la cámara alta.

Pero el artículo que apareciera el pasado viernes en el periódico Granma, reafirma que por la parte cubana la desconfianza no es menor: “Las telecomunicaciones fueron abordadas con amplitud en las regulaciones, en correspondencia con los objetivos de los Estados Unidos de tratar de incrementar su influencia en la sociedad cubana”. Y recalca asimismo que “se mantiene el bloqueo económico, comercial y financiero”.

Tal postura, contrasta con la diplomacia mostrada por el Secretario del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos Jacob Lew, quien afirmara que: “…el anuncio pone a Estados Unidos un paso más cerca de reemplazar políticas obsoletas y que no funcionaban, y establece una política que ayuda a promover las libertades económicas y políticas para el pueblo cubano”.

Las palabras del presidente de la República de Cuba, Raúl Castro, en relación con lo que pueda ocurrir en un futuro, reafirman la disposición de mantener “un comunismo próspero y sustentable, bajo el poder y el control del Partido”.

El gobierno cubano, evidentemente, teme ser dinamitado desde dentro por la penetración estadounidense. No es un secreto que oportunidades habrá de sobra, y en ello se centran las esperanzas de los sectores de la oposición, en vistas a una nación con mayores índices de democracia. Pero el gobierno cubano también necesita una inyección financiera, de ahí la tentación a aceptar el reto.  

Sean cuales sean los resultados de las próximas negociaciones, se trata de un momento sin precedentes en la historia de ambos países, de marcado interés para un futuro económico y político que involucraría a no pocas naciones, y a partir del cual las partes implicadas tendrán que conducirse con suma cautela si pretenden alcanzar sus objetivos.

Asunto complejo y difícil de entender, con variadas aristas y donde todos parecen tener intereses diferentes. Momento de decisiones políticas que podría cambiar no solo el futuro del pueblo cubano, sino también el del mundo.    


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