sábado, 27 de diciembre de 2014

Una visión no tan particular de la Navidad en Cuba

Un servi-centro de la cadena CUPET-CIMEX en la capital cubana. Foto: Hablemos Press.

Por Osmel Almaguer/ Hablemos Press.

LA HABANA, 27 de Diciembre.- La noche del 24 de diciembre, fecha en la que el mundo occidental celebra las Vísperas de Navidad, en un apartado establecimiento de la zona 8, en Alamar, la oferta de líquidos se reducía a una triste marca de cerveza importada. Y digo “triste”, usando epíteto tan tremendista, inspirado, tal vez, por lo que siente quien descubre que le toca celebrar la fecha en compañía de sus seres queridos, amenizando con un vaso de agua.

El Cupet de la zona 8 es un servi-centro destinado al abastecimiento de gasolina, alimentos ligeros y bebidas para los autos que circulan por la Vía Blanca entre las zonas más populosas de La Habana y las playas de Este, o Matanzas. Pero también, y a falta de otras que cumplan esta función, su mini-tienda, abierta las 24 horas, es la única en un radio enorme donde la población puede acceder a productos que, aunque no sean de primera necesidad, si presentan una alta demanda, como los helados, las bebidas alcohólicas y refrescantes, etc.     

No es la primera ocasión en que se dan casos como este durante una fecha festiva, ni es siquiera el único lugar de La Habana donde suele suceder. Y pareciera que abordarlo fuera agregar una gota más a la laguna que quejas intrascendentes, porque la población se ha ido acostumbrando y eso es lo preocupante.

En cierta ocasión, oí decir a mi padre, cuyas ideas son frecuentemente opuestas a las mías, que “en Cuba los salarios no pueden ser más elevados porque no hay oferta. Luego, caeríamos en una inflación irremediable”. Y es cierto que hay cuestiones de la economía moderna que paso por alto, que solo los especialistas pueden entender. Por eso, ante al panorama de una nevera donde solo había la importada cerveza Heineken, estuve tentado a darle la razón. Pero, recuperado ya del golpe, me pregunté: ¿Por qué no hay oferta? ¿No son productos vendidos a altos precios, por lo cual, deben y tienen que ser altamente rentables a la economía estatal?

Y continué preguntándome. ¿Acaso debemos culpar al bloqueo de que el país no importe la mercancía que demandan los bolsillos del pueblo? Bolsillos que, generalmente vacíos, se llenan aisladamente con remesas, tortuosas iniciativas particulares, el robo al Estado o el trabajo directo con el extranjero (en sus formas lícitas e ilícitas).

No importa que usted sea cubano o extranjero, que camine por una acera en Centro Habana o un trillo en Alamar, que tenga los bolsillos llenos de dinero o esté dispuesto a gastar lo que le queda en una merienda; cuando cae la noche, en Cuba, le será muy difícil acceder a una simple bebida refrescante.

Por otro lado, me gustaría descartar la hipótesis de un desabastecimiento intencionado; en realidad, soy todavía un romántico y prefiero creer que el responsable de tal situación se acoge al reconocimiento gubernamental del nacimiento de Cristo. El cual, por cierto, supo partir los panes y los peces; convirtió el agua en vino para el pueblo de Israel. 

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