sábado, 6 de diciembre de 2014

“Quizás he perdido la esperanza decepcionado de la triste realidad…” + (17 Fotos)


Reportaje gráfico de Luis Sánchez/ Hablemos Press.

LA HABANA, 5 de Diciembre.- La añoranza de un pasado menos convulso que el de hoy aflora a mis sentidos: personas con otra mirada, con ilusiones y ansias de vivir, luchando por una mejoría social, económica e intelectual.  

Hoy, nuestros jóvenes venden cualquier cosa: productos del agro en una carretilla, chiviricos, helados, pizzas, o simplemente manejan un bicitaxi. Ansían tener dinero para el día a día, o quizás comprarse el último iPhone o unos tenis de la marca del momento, aparentemente para presumir. Sus aspiraciones ya no son las mismas de generaciones anteriores: ¿para qué estudiar, para qué tener conocimientos sin dinero?

Aún recuerdo los cines, teatros, clubes nocturnos, todos con precios asequibles, donde se podía pasar un rato agradable. Hoy se necesita una buena cantidad de pesos convertibles para pagar una entrada y un consumo mínimo, y quizá disfrutar de una generación de artistas muy bien pagos. ¡Qué añoranza de cuando para ir a un concierto de Silvio Rodríguez o Pablo Milanés bastaba con comprar las entradas en la taquilla de cualquier teatro!

Cubano soy, siempre lo seré, quizás al precio de los años de trabajo, de levantarse cada mañana y enfrentarse al frívolo reloj y a una tarjeta, aprendido de una generación llena de hombres de palabra, seriedad y compromiso.

La honradez era el símbolo de aquel cubano. Hoy se vive del cuento. Sales a la calle y ves a cualquier hora jóvenes en las esquinas. ¿Quién trabaja? ¿Acaso la economía nacional se sostiene mágicamente? Criticamos a los que recogen materia prima en la basura para llegar a fin de mes, pero si los observamos nos daremos cuenta de que son hombres y mujeres de esa vieja generación que pretenden resolver sus economías honradamente, pues lo que hacen, aunque parezca denigrante, no conlleva ilegalidad alguna.

Quizás he perdido la esperanza decepcionado de la triste realidad, por eso escribo, para sacarme el dolor de ver a nuestra Cuba en ruinas. En la peor de todas: la ruina moral, pues hemos gritado al mundo lo perfecto de nuestro sistema social. Y sí, es perfecto, superado sólo por los campos de concentración del nazismo alemán. Al borde de la desesperación, sólo la libertad espiritual hace a un pueblo salir adelante.

















VIDEOS