jueves, 11 de diciembre de 2014

Cuba en los Juegos Centroamericanos y del Caribe

Por Osmel Almaguer/ Hablemos Press.

LA HABANA, 11 de Diciembre.- A escasos días de la clausura de los XXII Juegos Centroamericanos y del Caribe, Veracruz 2014, se impone un balance de la actuación cubana en pos de conocer (o tal vez aproximarnos) el estado de salud actual de nuestro deporte.  

Cabe, por qué no, la felicitación a todos aquellos que en buena lid ganaron sus medallas; lo que a la postre posibilitó que el país concluyera con 8 preseas doradas más (123 x 115) que la nación sede. Una victoria siempre es motivo para celebrar, pero también, y sobre todo, para no dormirse en los laureles y reconocer en qué se ha fallado, y cuáles son las causas.

La actuación cubana en Veracruz podría ser interpretada de dos maneras; cada una, como todo en la vida (lo sabemos gracias a la filosofía de Kant), en un sentido opuesto al de la otra. Quiere esto decir, que el resultado al que nos referimos puede ser visto como un triunfo, pero también como un retroceso preocupante.

Algunos de los aspectos positivos de dicho desempeño son: la confirmación de Cuba como una potencia deportiva a nivel del área, saber que de acuerdo a la extensión territorial y cantidad de habitantes, nos correspondería un lugar por debajo de México, Venezuela y Colombia.

Es importante mencionar la mentalidad ganadora que se lleva a estas lides. Gracias a ella, los deportistas del atletismo supieron vencer allí donde los pronósticos favorecían a los mexicanos, para aventajarlos en el medallero justo en los últimos días de competencia. Otra hubiera sido la historia sin ese aporte.

Pero cada país recoge siempre lo que siembra, y lo hace a posteriori. En los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, Cuba alcanzó un inédito quinto lugar en el medallero, gracias a las bonanzas económicas de la década anterior, y con independencia del carácter ficticio o real de dicha bonanza, la misma tuvo un impacto positivo en el deporte.

Pero ya vivíamos aquella fatídica década que fuera denominada por la dirección del país como “Período Especial”. A partir de entonces, y tomando como medida la propia historia de la participación cubana en Juegos Centroamericanos y del Caribe, comenzó el decrecimiento en las medallas.

Si en Ponce 1993 se alcanzaron 227 de oro, de un total puesto en disputa equivalente a 385, para el 58,9%, ya en Cartagena de Indias 2006 se lograron 138 de 311 (44.4%) y en Veracruz solo 123 de 432, para un 28.5%.

Según esta tendencia, Cuba podría perder la próxima edición de estos eventos, a celebrarse en Barranquilla, Colombia, dentro de cuatro años. Por el momento, se vislumbra una fuerte disputa con el país sede (que en esta ocasión alcanzó las setenta doradas) y el siempre peligroso México.

Es cierto que la tendencia del deporte a nivel mundial es a diversificarse, y que las colaboraciones cubanas en los países de Latinoamérica han condicionado la elevación gradual del nivel en esta área, pero así como los gladiadores en el antiguo coliseo romano debían ganar, porque en ello les iba la vida, el deporte moderno, heredero al fin y al cabo de aquel, sigue teniendo como premisa la victoria.

La delegación de deportistas cubanos no fue a Veracruz a justificarse. Una mala actuación en el deporte siempre será reflejo de un mal funcionamiento de la sociedad, y un mal funcionamiento de la sociedad, siempre expondrá una mala gestión administrativa.

Recientemente, el Consejo de Ministros de la República de Cuba aprobó el presupuesto económico para el 2015. La cobertura que el Noticiero Nacional de Televisión dio a la noticia, no incluyó las inversiones financieras en el área deportiva. Desarrollar un movimiento en la misma no lleva solo voluntad, conocimiento y sacrificio; implica, también, dinero; y más que eso, buenas decisiones gubernamentales.

Una mejor política hacia el deporte -y los atletas- se hace necesaria; sobre todo en lo concerniente a las atenciones y remuneraciones. Garantizar tranquilidad económica a los atletas no evitará el éxodo,  pero lo disminuiría de manera considerable.       

No hay que obviar que el deporte ha sido, en estos cincuenta años, además de una importante fuente de ingresos, un valladar político que ha colocado en una posición envidiable a los dirigentes de este país. En Cartagena veremos lo que han sembrado ahora.

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