lunes, 17 de noviembre de 2014

Hospital Universitario Calixto García: tres años después de la carta de los cirujanos

Por Dr. Eduardo Herrera/ Hablemos Press.

LA HABANA, 17 de Noviembre.- Han transcurrido tres años desde que  los cirujanos del Hospital Universitario Calixto García enviaron una carta al presidente Raúl Castro, y los cambios realizados en el centro aún son superficiales.

Un año después de publicada la misiva que denunciaba las malas condiciones del centenario hospital fue que se comenzó a tomar medidas, al parecer para silenciar a la opinión pública. Se ha sustituido a la Dirección del centro dos veces, pero en el último mandato es en el que se han visto un poco más de cambios.

El último director, el Dr. Carlos Martínez Blanco, miembro de la Asamblea Nacional del Poder Popular, ha cambiado la imagen externa del centro hospitalario y ha aplicado medidas que van contra la mejor atención a los pacientes y desempeño de los profesionales.

Una de las más antipopulares para gran parte de la población de la zona y de los trabajadores del centro es el cierre de la entrada por la calle G, una de las arterias principales del Vedado, por donde pasa la mayoría de los ómnibus y autos desde los diferentes municipios de la capital, y aunque algunas rutas fueron desviadas para el frente del hospital, el acceso al mismo se ha visto limitado.

Otra medida que no se corresponde con el funcionamiento hospitalario es que con la justificación de eliminar los robos de medicamentos, el pedido tiene que hacerse estrictamente cuando llega un caso, sin prever que los más usados deben estar en espera de las urgencias.

Al parecer, la directiva ha olvidado que un hospital no funciona como una oficina ni una fábrica, y que sí se pueden ahorrar recursos, pero no limitarlos en detrimento de una mejor atención.

Un hecho que explica lo antes expuesto me sucedió a mí durante la intervención quirúrgica a un paciente con una hernia inguinal. Antes de comenzar solicité una malla de las que se usan habitualmente en este tipo de operaciones, y que sabía que había en los almacenes.

Al llegar el momento de utilizarla insistí en la solicitud, pero me respondieron que no la habían traído porque debí pedirla el día anterior, según órdenes de la Dirección.

En aras de que el paciente recibiera el tratamiento más adecuado, interrumpí la operación para hablar con el director, pero este se negó a recibirme, y a través de su secretaria me respondió que “ese no era un problema mío”.

Lo anterior es un ejemplo de las presiones a que estamos sometidos médicos y pacientes por las malas decisiones administrativas de personas que aparentemente no conocen cómo debe funcionar un hospital y toman medidas arbitrarias que no consultan con los trabajadores.

El Calixto García es uno de muchos hospitales en el país, cuyos directores solo piensan en cómo mantenerse en sus puestos para disfrutar de las ventajas y prebendas que ello les reporta en detrimento de la atención al pueblo, que debería ser su mayor prioridad.

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