domingo, 23 de noviembre de 2014

Cientos de prisioneros cubanos viven en condiciones inhumanas

Naves fabricadas de bloques y techo de fibrosen en el municipio Bayamo, provincia Granma. Esta fotografía fue tomada oculta pues no se permite fotografiar Centros Penitenciario. Archivo de Hablemos Press.

Por Magaly Norvis Otero/ Hablemos Press.

LA HABANA, 23 de Noviembre.- Prisioneros de diferentes centros carcelarios, a lo largo de toda la isla, describen el deterioro de las condiciones higiénicas-sanitarias, la atención médica y la mala calidad de los alimentos en las prisiones. 
                                                       
Manuel Cordero Villazón, un recluso de la prisión Ariza, provincia Cienfuegos, relata que las condiciones allí son infrahumanas.

“Aquí no hay nada bueno. Existe una insalubridad tremenda. He adquirido cuatro enfermedades distintas debido a la mala higiene que hay aquí por la falta de agua, por el mal trabajo de los servicios médicos del MININT y la policía carcelaria”, dijo Villazón.

Agrega: “En esta prisión, no existe órgano a quien reclamarle; a nadie le importa lo que pase aquí. Hay 4 celdas de castigos donde te envían si protestas o te declaras en huelga de hambre, único método que tenemos para protestar, y donde te torturan porque te quitan el agua por varias horas y te dejan sin ropas para que desistas”.

Asegura, además, que “yo que estoy enfermo y me mantienen con los demás reclusos; existe una sala de penados, pero no me aceptan allí. Es una discriminación total”.

Las autoridades cubanas abrieron el 11 de abril del 2013 las cárceles (de referencia) a algunos periodistas extranjeros y cubanos.

El director de la cárcel Combinado del Este, teniente coronel Roelis Osorio, afirmó en aquel momento que un 83,4% de los presos cubanos que cumplen su condena logran reinsertarse en la sociedad y solo un nueve por ciento reincide.

La prensa describió aquellas estadísticas como un logro, además de anunciar que los reos vivían felices y tenían todas las condiciones creadas.

El doctor Darsi Ferret es entrevistado por corresponsales extranjeros al salir de la cárcel. Ferret permaneció varios meses recluido en una de las naves de fibrosen de la cárcel Valle Grande, La Lisa en La Habana.

Sin embargo, José Ramírez, otro reo, señala que en Ariza el agua potable es poca, las camas son de angulares de hierro y el colchón de paja seca. No existe almacén de avituallamiento para los reclusos, la alimentación es mala, en todos los aspectos y los médicos son manipulados por los carceleros.

Por su parte, Gilberto Pérez Oliva, desde la prisión de Morón, provincia Ciego de Ávila, denunció la muerte del recluso Yerisbel Calzada González, por falta de atención médica de calidad.

Oliva asegura que Yerisbel fue llevado a la posta médica el día 26 de Octubre, con un cuadro diarreico agudo y muchos vómitos, que estaba deshidratado y el médico de guardia, Daniel Ochoa Morales, le diagnosticó una mala digestión.

“No le dieron los primeros auxilios como era debido, y al otro día murió. Todo fue negligencia del médico de guardia y del mando que se encontraba en la penitenciaria”, ultimó.

A muy pocos reos se les permite la asistencia religiosa o tener una biblia en sus reclusorios. No cuentan con locales equipados para hacer ejercicios y solo permanecen una hora fuera de los locales de encierro.

Desde la prisión Típico Viejo de Las Tunas, el prisionero Lisban Yon Utria, describió cómo los presos que trabajan en el comedor, repartiendo los alimentos, son obligados a reducir la cantidad establecida para que quede mayor cantidad de alimentos  y así poder llenar las cubetas de sancocho para alimentar a los cerdos, propiedad de los jefes de la prisión.

“Todos los días salen de esta prisión cuatro o cinco cubetas de 20 litros llenas de sancocho para los puercos; ellos, están mejor alimentados que los reos”, afirmó Yon Utria, quien sufre de un síndrome de mala absorción y no recibe la dieta estipulada.
    
Asegura Yon Utria que para los militares, los puercos tienen la prioridad, porque no se preocupan por la alimentación de los seres humanos confinados, ni los altos índices de desnutrición de la población penal.

Pablo Delgado, recluido en la cárcel Palmas Altas de Manzanillo, Granma, ha sido golpeado en varias ocasiones por protestar por la mala elaboración de los alimentos.

“La fachada de las prisiones dan imagen que todo está bien, solo que hay que mirarlas por dentro y vivir el terror que vivimos aquí, que no es solo que nos privan de libertad sino que abusan de nosotros”, dijo.

Decenas de prisioneros denuncian cada mes que no existen condiciones mínimas en las prisiones. El hacinamiento, la insalubridad, la falta  de agua potable, la mala alimentación, la carencia de atención médica, las altas condenas, las golpizas, la deficiente iluminación y ventilación hacen de las prisiones un infierno.

También prisioneros políticos, mas de 100,  describen que en las cárceles predominan las condiciones descritas anteriormente.

Cada año, la cifra de suicidio es mayor; a ello se suman los enfermos en fase terminal que mueren sin la debida asistencia médica o sin una libertad humanitaria.      

Después del triunfo de la revolución de Fidel Castro, en el año 1959, se construyeron cientos de prisiones y campamentos de trabajo forzado.

Organizaciones independientes, como la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional,  estiman una población penal de entre 65 a 70 mil prisioneros y más de 250 centros penitenciarios, incluyendo prisiones para menores de edad, mujeres y enfermos del VIH.

Las autoridades alegan que hay unos 54 mil reclusos. En cuanto a la asistencia médica aseguraron que está garantizada para todos los reclusos del país y que hay un médico para cada 150 internos.  

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