sábado, 18 de octubre de 2014

Los que tienen que decir, no dicen

Por Gladys Linares / Colabora con Hablemos Press

LA HABANA, 17 de octubre.- Hace unos días, mientras viajaba en el P2, le compré un caramelito al anciano que venía sentado a mi lado, y comenzamos a conversar de un tema que siempre sale a relucir: la difícil situación económica y política que sufrimos los cubanos.

Me comentó que viene todos los días a vender los caramelos a la avenida de los Presidentes, alrededor de las paradas de ómnibus cercanas a los hospitales, y que lo hace por la tarde porque a esa hora casi todos los inspectores ya se han ido.

Tiene 75 años y vive en San Miguel del Padrón. Dice que su pensión de 240 pesos mensuales (equivalente a unos 10 dólares) se le va en pagar el refrigerador, la electricidad y un balón de gas liberado que le cuesta 110 pesos (afirma que le sale más barato que cocinar con electricidad). “Lo que me busco con los caramelos”, explica, “es para las medicinas y para comer”.

“¿Vio anoche el programa ‘Cuba dice’?”, me preguntó, dando un vuelco a la conversación. Coincidimos en que, aunque en este se tratan temas de la realidad cubana, los entrevistados dicen siempre lo mismo, como sucedió en el más reciente, sobre los elevados precios de los productos agrícolas.

“Pero no entrevistan a los que pueden de verdad solucionar el problema. A los que pueden, por ejemplo, bajar los impuestos del sector y poner precios topados. Es que a ellos les conviene que la libra de cebolla cueste 45 pesos, la de tomate, 20, y la de yuca 2 pesos, porque así el pueblo se concentra en odiar a los intermediarios y en conseguir el dinero para poder comer, y se olvida del gobierno”.

Una señora que nos escuchaba, intervino: “Además, tienen que exigir calidad. Ahorita nos quedamos sin tierra en los campos, porque viene toda pegada a las viandas. La mayoría de las veces la yuca llega a la tarima después de varios días de cosechada, cuando ya no sirve para comer. El boniato, podrido y con bichos, como la col y la acelga. Y los plátanos, así (y enseñó el dedo meñique)”.

El anciano, poniendo el dedo en la llaga, agregó: “Tampoco se habló de la papa”. Esto provocó varios comentarios. Un señor dijo que no se sembró, mientras otro le respondió: “¿Pero usted no ha visto que la venden en bolsa negra, a dólar la libra?”

“Hace unos días me dijo una ingeniera agrónoma”, me comentó el vendedor, “que la papa no es rentable. Óigame, no me pude aguantar y le respondí: ‘Aquí lo que no es rentable es el gobierno, y el ‘Cuba dice’ es un tentempié para los ingenuos’”.

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