jueves, 23 de octubre de 2014

La diplomacia del Ébola ante la cuestión de la libertad en Cuba

Por Mario Hechavarría Driggs/Hablemos Press.

LA HABANA, 23 de octubre.- Conocidos son los aplausos de la diplomacia norteamericana en torno a la contribución reciente de Cuba ante la pandemia del ébola. Tratándose de la isla antillana, aumenta la presión en torno a un viejo problema político llamado embargo.

Las declaraciones aprobatorias de Washington incluyeron al secretario de Estado y a su embajadora en la ONU. No olvidemos que la antecesora en el cargo de John Kerry, Hillary Clinton, posible candidata demócrata a la presidencia, abogó públicamente contra lo que en La Habana llaman bloqueo.

Esta vez la relevancia del problema africano parece calzar a la administración Obama en su camino hacia el desmantelamiento de una decisión tomada 52 años atrás por otro líder demócrata, John F. Kennedy.

Si de cobrar vidas humanas se trata, el ébola es igual o peor que el mismísimo Al Quaeda, en tanto mantener a Cuba como promotor del terrorismo internacional es una postura endeble, sobre todo después de su franco apoyo a la prolongada conferencia sobre la paz en Colombia.

Así las cosas, aunque la diplomacia de Estados Unidos ha encontrado un camino favorable a sus intenciones, hay obstáculos recurrentes, contradicciones difíciles de salvar entre ambas orillas de la cálida corriente del Golfo: De un lado, las sucesivas leyes congresuales exigen perseguir sin tregua las actividades financieras cubanas en su relación directa o indirecta con el gran vecino norteño; del otro, se mantiene la permanente represión castrista a sus opositores, sin cambiar viejas prácticas en cuanto a restringir las libertades individuales, de reunión y de asociación.

Mientras la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) persigue a los bancos vinculados al gobierno castrista, Obama utiliza sus prerrogativas para flexibilizar el envío de remesas y los viajes entre ambos países, mayormente por parte del millón de cubanos residentes en los Estados Unidos, lo cual convierte de hecho a ese país en el segundo emisor de turismo hacia Cuba, solamente superado por Canadá.

Se trata de una política ambigua, emprendida en tiempos del demócrata Clinton, llamada “de contactos pueblo a pueblo”. En la práctica favorece al Estado comunista con la entrada directa de remesas, calculadas en 3 500 millones de dólares durante el pasado año por la entidad independiente radicada en La Florida Havana Consulting Group.

Hasta ahora el gobierno cubano recibe los billetes verdes en directo, y cuenta, como se sabe, con el monopolio absoluto del comercio interior y exterior del país. Si se trata del pueblo, es cuestionable el beneficio que recibe cada ciudadano, mientras la represión a los opositores continúa, sin abrir espacio al pleno ejercicio de los derechos humanos dentro del territorio nacional, en tanto la apertura económica es lenta y limitada en cuanto a liberalizar el mercado. Valga la reiteración, de lo que se trata es de LIBERTAD, con mayúsculas.

En La Habana tuvo lugar una cumbre extraordinaria de la alianza conocida por las siglas ALBA-TCP, una creación Castro-Chávez, lista a reforzar la ofensiva diplomática emprendida semanas atrás, precisamente cuando está cerca una nueva votación en las Naciones Unidas sobre el controvertido asunto del embargo o bloqueo.

Las autoridades de la mayor isla caribeña adelantaron que 300 nuevos profesionales de la salud se incorporarán al contingente radicado en la región subsahariana. Es de esperar nuevos elogios norteamericanos si de combatir al ébola se trata, pero sobre el tema embargo la moderación de Washington acabará imponiéndose, provocando los consabidos reproches desde La Habana.

El gobierno cubano sabe perfectamente que para allanarles el camino a los numerosos detractores de la política económica restrictiva de los EEUU es imprescindible aceptar la total tolerancia dentro de la Isla a quienes se oponen a su mandato.

Estamos ante un clásico “Ser o no ser, esa es la cuestión”.

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