miércoles, 15 de octubre de 2014

El cubano de a pie



Reportaje gráfico de Luis Sánchez/ Hablemos Press.

LA HABANA, 14 de Octubre.- Frase acuñada por el cantautor Silvio Rodríguez en sus conciertos por los barrios periféricos o marginales, donde vivimos la mayoría de los cubanos, diríamos, la clase trabajadora.

Estos son los hombres y mujeres de hoy, quienes con esfuerzo y muy mala paga siguen creyendo en un futuro mejor. Sus rostros reflejan tristeza, preocupación, la inseguridad de que el poco dinero recibido como salario alcance hasta fin de mes para comprar comida a precios exorbitantes tanto en mercados particulares como estatales. Es triste e irónico ver en nuestra televisión cómo los que deberían velar por los precios justos, están cada vez más gordos. No sé si me da lástima por su salud, o rabia porque es evidente que con la libreta no se pone uno tan gordo ni tan rosadito.

Somos un pueblo que ha luchado y sí, algunos han decidido partir en busca de mejoras. No los criticamos. Los que se han quedado son las personas que aparecen en estas imágenes con muchas de sus esperanzas sin cumplir, remendando la ciudad como remendamos nuestros zapatos. Hace poco escuché una frase escalofriante: “No queremos mujeres ni hombres ponderados”. ¿Cuándo el trabajo y el que lo realiza recibirán el respeto que se merecen? Es fácil decir  frases como esta con un carro con el tanque lleno esperándote en la puerta, en lugar de tener que lidiar con el transporte público.

Siempre escuché decir: “De cada cual según su capacidad y a cada cual según su trabajo”. ¿Será que no tenemos capacidad, o que no tenemos trabajo? ¿Dónde está la tan cacareada igualdad para todos? Salgo a las calles y no es que retrate lo feo, como me dicen, es que retrato mi entorno, mi vida, el día a día. Así es como pasan los años y dentro de pocos mi generación estará como esas personas que salen en las fotos, con la misma tristeza y con pocos recursos, de la casa al mercado y del mercado a la casa. Eso, claro, los más afortunados, los otros, sentados en un parque esperando que pase el tiempo o esperando la muerte, a tono con la consigna Patria o Muerte… ¿Venceremos?   

Seguiré con la esperanza de dejar de ser de a pie, y de que los conciertos sigan dándose. Claro está que algunos tendrán que renunciar a las regalías para que esto suceda.

Estas imágenes son de las personas que fueron a la zafra de los diez millones, los que recorrieron el país cuando la campaña de alfabetización, los milicianos de Playa Girón, los que fueron a luchar a África y tuvieron la suerte de regresar.

La vigilancia cederista ha quedado en desuso; al fin se comprende el verdadero objetivo de esta organización: vigilarnos los unos a los otros.

Estos son tiempos nuevos, a las viejas generaciones nos cuesta adaptarnos por el adoctrinamiento recibido durante décadas en la escuela, en la casa, en el trabajo. Tenemos el prejuicio de la conciencia de un tiempo que ya no existe y la duda de si alguna vez existió. Les toca a las nuevas generaciones hacer una nueva historia real, justa.













  


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