sábado, 11 de octubre de 2014

Cuba: Paraíso perdido (25 Fotos)


Reportaje gráfico de Luis Sánchez/ Hablemos Press.

LA HABANA, 11 de Octubre.- Parecería que vagan sin rumbo, pero no es así: cada cual carga con su tristeza, su melancolía. Las aceras son pequeñas para tantas personas, hasta las calles son pequeñas. Carros, bicicletas, motos y peatones parecen tener un pacto para coexistir sin hacerse daño.

El anciano que poco puede valerse, esa señora que carga con la preocupación de la cocina, los niños, la casa; su paso lento por los achaques de los años y los trabajos de la vida, jaba en mano, nadie la mira, todos caminan como zombis. Lo lindo de compartir, de disfrutar, ha desaparecido, como ha desaparecido la bella ciudad.

Hoy me detuve en la calle. Las personas se muestran tristes, su vestir no es elegante, mucho menos sobrio, sino abandonado, despreocupado. Se percibe la falta de interés. ¿Dónde está aquel cubano de los años cincuenta, que sin mucho dinero siempre fue elegante? ¿Aquellas amas de casa cuya elegancia y buen gusto, aun durante los trajines diarios, eran de admirar?

No vestimos a nuestros hijos adecuadamente porque van a jugar a la calle. Desde pequeños los enseñamos a ser descuidados. ¿Qué pasará con esta generación? ¿Este es el cubano del futuro del que nos hablaban en la escuela?

Estamos destinados a envejecer junto a nuestros edificios, que evidentemente no le interesan a nadie. Y me pregunto: nosotros, ¿le interesamos a alguien?
             
En algún momento de nuestra historia comenzó la promesa de una sociedad mejor para todos, con un bienestar común, donde no existirían los ricos y los pobres dejarían de serlo. Los cubanos hemos luchado desde épocas tempranas en aras de lograr esa promesa. Resulta que fuimos el primer país en Latinoamérica en tener ferrocarril, teléfono, radio, televisión… Luchamos, y en 1959 logramos… ¿la libertad?

Hoy somos el país latinoamericano con más pobreza, con jóvenes sin rumbo y padres que no tienen cómo justificar un buen consejo. Nuestros padres están frustrados y sin esperanzas, cansados de las promesas de aquellos discursos tan cargados de mentiras increíbles. A nosotros y a nuestros hijos desde niños no inculcaron el miedo y que solo una persona podía decidir por los demás: Dios en el Cielo y él en la Tierra. Nadie más podía opinar y no había margen de error.

La consigna Patria o Muerte -hoy nos damos cuenta- solo era para el pueblo. Sus hijos estudiaron fuera de Cuba y muchos se casaron con extranjeros y se marcharon a vivir en el exterior. La tercera generación creció viendo la antena, sabiendo que si no tienen dinero no son nadie. No les interesa nada que no sea en beneficio propio. Puede sonar un poco cruel, pero es la realidad. Se han preparado sin prestar interés en las mentiras que nos inculcaron a sus padres. Los que han estudiado, lo han hecho en carreras que les representan bienestar económico,  los que no, intentan buscar trabajos que les den buenos dividendos, no importa el estatus ni el grado escolar si ganan más que un profesional. Vivimos en un país convertido en una pirámide invertida.  

























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