miércoles, 17 de septiembre de 2014

Yanier Orestes, poeta de las atmósferas

Palao. Fotografía escaneada de su libro A la Intemperie.

Por Osmel Almaguer/ Hablemos Press.

LA HABANA, 17 de Septiembre.- Yanier Orestes Hechavarría Palao  (poeta de Holguín, 1981) es una de las voces bien definidas dentro del concierto actual de la poesía cubana. Insertado en la llamada Generación 0, que agrupa la vanguardia de los jóvenes escritores éditos a partir de los 2000’.

Tiene entre sus obras más representativas: A la Intemperie(2010), y Esteros (2013) con el que recibiera el Premio Calendario.

Este poeta se propone una literatura donde el sujeto construye su experiencia a través de la descripción de imágenes gráficas, no de conceptos o teorías. Es una escritura de la forma, de las figuraciones.

Quien lo lee, no puede sustraerse a la sensación de estar frente a una gran pintura que ilustra lugares, apariencias, acciones, modos de vida, destacando la sensibilidad de lo caduco, lo agreste, lo oxidado. Le concierne a Yanier representar la decadencia, el dolor, las variaciones, ¿acaso de su propia vida?, ¿la de su país?  

Yanier ha sufrido los síntomas de la intemperie. Sabe lo que es pasar una noche sin techo pero no por ello renuncia a sus propósitos. Se inserta en la vida amarga de La Habana, en sus olores rancios, camina por el puerto donde los estibadores sudan y levantan los restos del país.

Ha dormido a la intemperie y alimentado de panes baratos. Se ha confundido entre la gente que deambula, que lucha de día y de noche. “Amo a esa señora”, expresa, señalando a una anciana que vende misceláneas en una sucia esquina de la calle Ejido.  


Las imágenes que crea también pueden sugerir el color de las hojas en otoño, las telas de araña en las esquinas de la casa, justo allí donde parece que la vida se acaba o necesita un cambio drástico.  
   
Un discurso conversacional le permite incluir en sus textos apreciaciones poco convencionales. Con ello, trasciende el límite de lo poético, coquetea con las márgenes de lo narrativo.

El sujeto lírico no se plantea demostrar una tesis, sino que se burla del llamado poema redondo (entiéndase: el fin formal y conceptual de una idea planteada).

No pretende llegar, con cuanto describe y cuanto enuncia, a un punto definible; persigue más bien una atmósfera. A veces, tenemos la impresión de que podría no acabar, o que el fin, sencillamente, lo decidimos nosotros.

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