lunes, 8 de septiembre de 2014

Desde la cárcel: Odio contra un régimen

Por Ramón Alejandro Muñoz González/ preso político.
LA HABANA, 8 de Septiembre.- A veces, cuando escuchamos hablar de la guerra, nos tiemblan las piernas. De solo conocer sus consecuencias, las secuelas que ha dejado, no podemos menos que horrorizarnos, y luego, recuperados un poco, pensar.
Ahí tenemos el caso de Hiroshima y Nagasaki, cuando en la Segunda Guerra Mundial los EE.UU. lanzaron una bomba nuclear. Claro, que a veces hay guerras que son necesarias si de derrocar dictaduras se trata. Por solo citar un ejemplo: la del golfo arábigo-pérsico, en 1991, contra Saddam Hussein, férreo dictador, responsable de asesinatos y torturas.
Judain Hussein, hijo de Saddam, tenía una habitación que la llamaban algasaf algama. Allí, él aplicaba corriente eléctrica en los cuerpos de sus enemigos, hasta que estos morían. Judain tenía un séquito de hombres que en su nombre violaron, mataron y torturaron.
En Cuba, desde la guerra de independencia hasta el presente, hemos sido víctimas de dictaduras que han costado al pueblo mucho sufrimiento.

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