martes, 9 de septiembre de 2014

Algo aquí huele mal

Por Osmel Almaguer/ Hablemos Press.

LA HABANA, 9 de Septiembre.- La sociedad cubana actual adolece de un orden económico que regule las relaciones de producción. Esta, es una de las causas que originan la ineficacia en los servicios, el maltrato a los clientes, la baja calidad de los productos, e incluso la estafa.

Tal flagelo, tiene lugar lo mismo en el sector estatal, tradicionalmente caracterizado por la mediocridad, como en el privado, constituido a partir de la nueva capa de trabajadores por cuenta propia.

Asimismo, y contrario a lo que pueda pensarse, el problema incluye también las unidades y empresas que operan en moneda libremente convertible.

Las variantes en el maltrato al cliente son casi infinitas; desde la falta de higiene en los locales, pasando por la alteración arbitraria de los precios, la mala forma y semblante de los empleados,  escasez en las ofertas de ciertos productos, hasta la adulteración de los mismos por parte de los dependientes, con fines de lucro.

Uno de los casos más usuales y lucrativos es el de la cerveza. Existen en La Habana un número indeterminado de fábricas clandestinas de las marcas Cristal y Bucanero. Las mismas, se distribuyen a través de la red de quioscos y restaurantes estatales, vendidas por la izquierda y a menor precio a los empleados, los cuales reponen dicha mercancía y se embolsillan la diferencia.

Pero este, es solo el más típico y conocido de los casos. Hay una gran parte de la población, y de la economía minorista, que funciona bajo este principio.

Recientemente, un amigo compró en la boutique del Hotel Saratoga ―donde se hospedara la fantástica Beyoncé― un perfume Antonio Banderas por el precio de 19.75 pesos convertibles. Aunque los ingresos de este no exceden los seiscientos pesos mensuales (unos 24 cuc), el hombre había reunido durante unos meses para alcanzar su objetivo de tener un perfume de buena calidad.

A pesar de la credibilidad que pueda ofrecer una tienda como esa, el perfume era una estafa que perdía el olor transcurrida media hora.

En Cuba, es difícil conseguir perfumes de buena calidad, a pesar de que los precios de los mismos, que oscilan usualmente entre los cinco y veinte pesos convertibles, son casi inaccesibles para la población. Eso, sin contar las adulteraciones.

A veces, por los barrios, se escuchan pregones que anuncian la compra de “pomos de perfume de marca”. Los vecinos, embullados por la posibilidad de ganarse unos pesos con los pomos vacíos, bajan y se convierten en el eslabón que une toda la cadena. Tiempo después, ellos mismos, volverán a comprar los mismos pomos, rellenos con la estafa. 

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