miércoles, 27 de agosto de 2014

Obligados a vivir del robo


Por Dr. Eduardo Herrera/ Hablemos Press.
LA HABANA, 27 de Agosto.- El gobierno cubano obliga a los ciudadanos a vivir del robo, porque los salarios percibidos por los trabajadores no son suficientes para satisfacer las condiciones mínimas necesarias para vivir decorosamente.
Cada día las medidas restrictivas a la inventiva del cubano se acentúan más, haciendo que estos acudan a actos deshonestos para por esta vía asegurar una alimentación adecuada, el vestir y el bienestar, así como tener una vivienda digna.
En el discurso retorico del gobierno se hace énfasis a los logros alcanzados por  la llamada revolución, sin mencionar nunca cómo el cubano que trabaja, ha ido disminuyendo cada día su poder adquisitivo, llegando a un estado tal,  que delinque para poder mantener a su familia.
Solo con mencionar el precio de algunos productos de primera necesidad y los salarios que se devengan en la isla, bastaría para saber que no alcanzaría para subsistir. La canasta básica a la que el gobierno se refiere garantizar a precio justo y al alcance de todos, consiste en unos pocos productos que no durarían una semana en el mes.
Con un salario medio, que oscila entre 300 y 400 pesos cubanos al mes (15 y 20 dólares) el ciudadano tiene que arreglárselas para mantenerse él y su familia. Los precios de los productos alimenticios están excedidos, y qué decir de los artículos de primera necesidad como refrigeradores, camas, colchones para dormir, ollas, cocina, etc.

Ejemplo: 1 kilogramo de pollo congelado cuesta en el mercado en divisas, aproximadamente 85 pesos nacionales (3,40 dólares), lo que no se gana en un día de trabajo. Un colchón de muelles camero, no de la mejor calidad, cuesta 2680 pesos, el más barato (aproximadamente 110 dólares) que representarían más de cinco meses del salario completo, de un trabajador para que pueda adquirir este artículo.
La larga lista de productos y artículos de primera necesidad de los que no se corresponden los ingresos salariales con el precio, no alcanzaría para reflejarlos en este escrito. Solo estos pequeños ejemplos denotarían la explotación a la que son sometidos los cubanos, que a diferencia de otros explotados del mundo, estos no tienen derecho ni a protestar.

El que se queje de tales abusos podría ser reprimido hasta reducirlo a la obediencia, propiciando así que el acto de robar sea un medio de vida y no el trabajo, como está estipulado en los países verdaderamente democráticos.

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