lunes, 25 de agosto de 2014

La nueva burguesía cubana se pasea orgullosa


Por Mario Hechavarria Driggs/ Hablemos Press.

LA HABANA, 23 de Agosto.- Uno de los principales postulados del triunfante gobierno revolucionario en 1959, establecía la igualdad de todos los ciudadanos y la eliminación —por necesidad— de la clase burguesa. Al cabo de 55 años, personas con un mucho mayor poder adquisitivo que el promedio se pasean por la Isla. Son los nuevos ricos, y exhiben orgullosos su bien diferenciado nivel de vida.

En estos meses de verano, donde la población aprovecha o intenta pasar sus vacaciones, las oficinas de reservaciones de turismo venden excursiones a Varadero, paquetes con “todo incluido”.

Antes, estos lugares estaban reservados solo para extranjeros, ahora incluyen en su mercado a los cubanos, como parte de la llamada “apertura” impulsada Raúl Castro.

Datos publicados en el periódico Granma, reportaron unos 5000 vacacionistas nacionales en la “playa más linda del mundo”, cifra que supera el 20 % del total de visitantes durante la temporada anterior. Para esta, los directivos del Ministerio de Turismo (MINTUR)  esperan mucho más.

Por otra parte, autos modernos y relucientes se parquean frente a las tiendas, ante la vista asombrada de transeúntes que esperan ver a extranjeros, y descubren a cubanos como ellos.

Se trata de los hijos y nietos de una extendida burocracia, atrincherada en su poder de herederos, de aquellos que iniciaron la proclamada “revolución socialista”, hace más de medio siglo. Exhiben con descaro lo que sus padres disimulaban.

El fenómeno alcanza también a las escuelas, sobre todo a partir de la Secundaria, cuando los chicos y chicas viven primeros amores y el deseo de lucir bien. Aquí, nuevamente los ricos llevan la ventaja, con sus motocicletas, autos nuevos, ropa de marca y dinero fuerte en los bolsillos.

Vienen sumándose a los hijos de los dirigentes, los representantes de una auténtica burguesía, respaldada por un éxito temporal en nuevos negocios, a partir de las reformas raulistas.

Entre tanto, los que un día arriesgaron su vida en misiones internacionalistas y ahora son viejos, rumian su fracaso, acompañados por los maestros de escuela y otros trabajadores sencillos, que dependen de míseros salarios.

A veces el orgullo les impide reconocer la realidad, en otros casos la gritan a voz de cuello, definitivamente desencantados de quienes les prometieron un paraíso de igualdad y ahora desaparecerán, dejándoles como herencia una sociedad de clases corrupta.

La mayoría de las personas siente que han sido estafadas. La revolución socialista quedó atrás. Una nueva burguesía busca su sitio.

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