viernes, 22 de agosto de 2014

Indigencia en una sociedad decadente

Ciudadanos deambulan por las calles de la segunda ciudad más grande de Cuba. Foto archivos de Hablemos Press.


Por Roberto Fernández/ Hablemos Press. 

 
SANTIAGO DE CUBA, 22 de Agosto.- Cientos de ciudadanos  deambulan en las calles de la ciudad de Santiago de Cuba. Ellas conforman un subgrupo que comparte una cultura, una identidad y un estilo de vida común, y por sus características se diferencian de los demás. Erróneamente, este sector es considerado disfuncional o marginal.

La psicología comunitaria pretende la transformación social en pro del beneficio colectivo; por lo tanto, es necesario un proceso de sensibilización por parte de las comunidades, instituciones y trabajadores sociales que intervienen en la problemática, hacia las personas que viven en las calles.

El trabajo en comunidad debe partir de (y buscar establecer) una empatía entre la población y hacia el trabajador social, para luego alcanzar un conocimiento de las condiciones, descubriendo costumbres, códigos de lenguaje y conducta, entre otras.

En algunos casos, el luden sirve como una herramienta que facilita el acercamiento a los ciudadanos que habitan en la calle, y permite consolidar elementos que forman parte del gran concepto comunidad: interacción, cultura común, pertenencia.

La indigencia o exclusión social es un problema inherente a las grandes urbes. Santiago de Cuba, con una población de 446.233 habitantes en el 2009, no está exenta de esta situación. Asimismo, esta cifra aumenta considerablemente por las causas que llevan a que las poblaciones rurales se dirijan hacia las grandes urbes en busca de mejores oportunidades.   

La población habitante en las calles se multiplica. Nacen generaciones con las mismas carencias de sus padres, sin una atención oportuna que les ofrezca otras opciones de vida.

Esta problemática incumbe a la comunidad entera, la cual mantiene un concepto superficial e inhumano acerca del habitante de la calle, desconociendo las causas reales que conllevan a estas personas a permanecer y recaer, a pesar de los intentos de inclusión y reeducación social.




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