sábado, 2 de agosto de 2014

Iglesia en Cuba: Pueblo sin aplausos para el Cardenal Ortega

Arzobispo Jaime Ortega. Foto archivo.

Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.

LA HABANA, 2 de Agosto.- Finalizando la misa dominical del 27 de julio, al anunciar el párroco de Jesús del Monte las celebraciones de la siguiente semana, mencionó entusiasta: “nuestro arzobispo Jaime Ortega cumple 50 años de su reordenación”, y contra lo acostumbrado, el público no aplaudió.

Cuatro o cinco batieron palmas en la primera fila, pero el resto acogió en silencio el anuncio. El intento de promover un aplauso general cesó inmediatamente, congelado por la mayoría.

Extraña reacción de un público (mayoritariamente compuesto por ancianas) que en los años noventa se empujaban para tocar la mano o la ropa del Cardenal Ortega y lo acogían sonrientes hace pocos años en esa misma parroquia.

Pero eso no es de extrañar, si tenemos en cuenta que esas mujeres que ingenuamente ven a un santo en todo sacerdote y creen que pecan si censuran actuaciones políticos de los obispos, no son estúpidas como parecen creer sus pastores al manipularlas, y sepan explicarlo o no, intuyen quien las apoyas en sus sufrimientos y quien les vuelve la espalda.

Aunque monseñor tiene un público que lo sigue y apoya en sus actuaciones, como ocurre con ciertas orquestas, es evidente que éste ha mermado, tras décadas de ser citados para la catedral con uno o dos horas de antelación para formar grupos en las presentaciones del Arzobispo, para tras tal espera escuchar la oratoria nebulosa, ajena, del que fuera predicador elogiado años atrás.

No hay retórica sofística que salgan los obispo de ese silencio, contra los que se estrellaron en Jesús del Monte los pocos que intentaron promover aplausos. El adagio de “amor con amor se paga” es aplicable también a la indiferencia.

A Dios lo vemos en la Biblia retirar su apoyo a los que un día ungió. Otro adagio dice que la voz del pueblo es la voz de Dios, y muchos pueblos dicen que los obispos (y particularmente Monseñor Ortega) lejos de oír a Dios se hace voz de Raúl Castro.

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