martes, 19 de agosto de 2014

Cuba: Burocratismo en la cultura santiaguera


Por Roberto Fernández/ Hablemos Press.

SANTIAGO DE CUBA, 19 de Agosto.- Un caso palpable de antigestión
burocrática en el sector de la Cultura, se ha dado en el municipio
Santiago de Cuba con la suspensión del pago de uno de los premios
literarios convocados en esta ciudad.

El concurso, con más de treinta años de existencia, se vio el pasado
año en una precaria situación, llegando a verse obligados --sus
promotores-- a premiar los diferentes géneros con obras  "artesanales",
que en realidad habían sido producidas en serie, por la industria
local del Municipio.

La razón aludida por el Departamento Económico de la Dirección
Provincial de Cultura, refiere que los pagos deben ser autorizados
solamente por el nivel Nacional, y que por el momento estos se
encuentran dedicados tan solo a los concursos provinciales, debido a
la depresión financiera.

Este año, la cantidad de obras presentadas --en un evento que además
rememora la liberación de la localidad por el Ejército Rebelde--
disminuyó casi a cero.

Antiguamente, el premio mayor de este concurso no pasaba de los
trescientos pesos (al cambio unos 12 dólares) en el caso del primer
galardón, más un premio especial, de la misma categoría monetaria, que
abarcaba el mejor trabajo literario o de investigación.

Por lo general, la totalidad del gasto en metálico no llegaba a los
tres mil pesos.

Nadie hizo gestiones para sacar el dinero por algún otro concepto, con
el propósito de salvar el concurso. Mientras, se les pagó decenas de
miles de pesos a grupos musicales que no siempre tuvieron la calidad
requerida, ni defendieron los valores de la decencia y la estética.

Aunque se ha conseguido que, al menos los jurados cobren los 120.00
pesos estipulados, el proceso es sumamente tortuoso, llegando a
demorarse en ocasiones varios meses.

La creación dentro del ámbito cultural implica también necesidades
concretas, independientemente del gasto mental del artista o escritor.
Este tipo de necesidad involucra a los funcionarios, que están para
satisfacerlas, y no al contrario, como pareciera ser.

La cultura de un país dependerá muchas veces de la relación
artista-funcionario. Pero cuando este último se convierte en un
obstáculo para la producción cultural, perdiéndose en orientaciones,
resoluciones y tareas, como si estuviera dirigiendo una fábrica de
dulce de boniato, comienza la separación. Surge entonces el famoso
"ruido", que nos enseñaron en las aulas universitarias.

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