martes, 8 de julio de 2014

Cumplirá su condena en el 2045

Por Roberto de Jesús Guerra Pérez/ Hablemos Press.

LA HABANA, 8 de Julio.- Un prisionero que debía cumplir su condena en el 2045 se ha declarado en huelga de hambre en la cárcel de Guanajay, para protestar por otra sanción de 4 años y dos meses que le será impuesta.

Juan Álvarez Emilia, de 50 años de edad, fue encarcelado en el año 1990, acusado de un delito de hurto y carterismo por el que  recibió una condena de 7 años; posteriormente golpeó a un recluso, que falleció cuatro días después, y su condena actualmente asciende a 54 años.

Hace cinco meses, Álvarez fue trasladado, de la cárcel Combinado del Este, en La Habana, al destacamento 3 de la prisión de Guanajay en la provincia Artemisa.

“Me faltan 30 años para cumplir la condena, la cual terminaría en el año 2045, pero me declaro en huelga de hambre debido a que me aumentarán la condena”, declaró, vía telefónica.  

Según explicó Álvarez Emilia, “las autoridades ahora me piden 4 años y dos meses más de condena, por golpear con un palo a un reo que quería robarme unas cajetillas de cigarro y un par de zapato”.

El prisionero es natural del poblado El Cano, municipio La Lisa, en La Habana, donde actualmente vive su madre y demás familiares.

Aseguró en su testimonio, que nunca las autoridades le han dado la oportunidad de estar en una prisión abierta. “Me han tenido encerrado en varias cárceles de alta seguridad, como en el Pre de Villa Clara; la 26 y Cerámica Roja en Camagüey; en Ariza, Cienfuegos; Quivicán y Combinado del Este, en La Habana. En el trayecto por estas prisiones he sido golpeado salvajemente por los carceleros al reclamar mis derechos”.

Describe las condiciones en estas prisiones como “pésima”. “Aquí los baños tienen salideros y el agua sucia cae dentro de los locales donde nos recluyen; recibimos maltratos y falta de atención médica; la alimentación es muy deficiente y la comida mal elaborada: el arroz lo sirven casi crudo o demasiado asopado, los caldos aguados, y el plato fuerte -la mayoría de las veces- está en mal estado”.  

“Reconozco que no he sido un buen ciudadano, pero no merezco el trato que me dan las autoridades carcelarias”, concluyó.

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