miércoles, 25 de junio de 2014

Pinceladas culturales de Santiago de Cuba

Por Roberto Fernández/ Hablemos Press.

SANTIAGO DE CUBA, 25 de Junio.- Desde la parada de la ruta 101, que queda cerca del parque Ferreiro, se puede divisar un cartel que reza: “Las verdades elementales caben en el ala de un colibrí”, pensamiento del Apóstol Nacional José Martí.

Más allá de la sabiduría que esta frase encierra, está la otra realidad. Si bajas por calle Enramada, entonces la gramática de la ciudad comienza a cambiar.
Justo en el número 315, entre Carnicería y Calvario, se pueden ver una enormes vallas comerciales con anuncios en Inglés de la conocida marca Adidas. Como en esas mini–tiendas abarrotadas de los aeropuertos internacionales de Panamá, Medellín, San José de Costa Rica, o cualquier sitio en el mundo. Pero no. La realidad pura y tajante da de lleno en el rostro.        
Solamente falta que aparezca el fundador de dicha multinacional: Adolf “Adi” Dassler y extienda alemanamente la mano derecha. Habría que pensar en el paradigmático poema “Tengo”, del Poeta Nacional Nicolás Guillén, donde dice “Tengo, vamos a ver. Tengo el gusto de ir yo, campesino, obrero, gente simple, tengo el gusto de ir (por ejemplo) a un barco y hablar con el administrador, no en inglés, no en señor, sino decirle compañero, como se dice en Español”.

Habría que pensar en las cosas que se dijeron en los recientes Congresos de la Asociación Hermanos Saiz (AHS) y de la Unión Nacional de Artistas y Escritores de Cuba (UNEAC), donde condenaron los factores deshumanizantes de la cultura globalizada,  que intenta borrar de un plumazo la identidad de millones de individuos.

Se avienen términos como: “industrias de mierda”, acuñado por el teatrólogo Omar Valiño; pensamientos de José Martí, canciones de Silvio Rodríguez, diálogos de Alfredo Guevara con jóvenes creadores.

La ciudad comienza a vestir sus mejores galas para celebrar su medio milenio de existencia. Desde un radio cercano bautizan la calle como: “Enramada Mayor, novia de nuestra ciudad”.

Pero, ¿cuántos santiagueros simples entran a la tienda de Adidas?

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