lunes, 2 de junio de 2014

Pandillas en La Habana

Por Osmel Almaguer Delgado/ Hablemos Press.

LA HABANA, 2 de Junio.- Jorge Alberto Alfonso Alfonso, vecino de San Lázaro, esquina a Águila, fue víctima de un ataque pandillero, el pasado miércoles 28 de mayo, cuando regresaba a casa luego de un día de trabajo.

“Eran como las nueve de la noche. De pronto vi una semilla de mango pasar a pocos centímetros e impactar contra la pared de una casa. Miré asustado en todas direcciones y al otro lado de la calle había una banda de muchachos gritándome ofensas. Les dije que se fueran a sus casas, que están muy jóvenes para eso”, comentó la víctima.

“La respuesta fue una pedrada que me dio en la pierna derecha —muestra la rótula inflamada—, pero a esta gente no les puedes demostrar miedo. Así que retrocedí un poco y amagué como si tuviera un machete en el bolso. Eso los amedrentó. Se fueron corriendo”, terminó de contar.

Jorge Alberto tuvo suerte, no es difícil suponer que pudo haber perdido la vida en ese encontronazo, a manos de una banda de adolescentes que, según él mismo, “no me conocen, pues soy nuevo en el barrio”.

Hechos como este se hacen cada vez más frecuentes en La Habana nocturna de hoy, sobre todo como parte del modus operandi de grandes masas de jóvenes descontentos, los cuales, al no tener nada que perder ni que ganar, encuentran cierto divertimento en la fechoría.

Ahí están los asaltos a las guaguas. Fenómenos que están sucediendo más a menudo de lo que difunden los medios, incluso en aquellos municipios menos problemáticos como Plaza o La Habana del Este.

Al rojo vivo están Centro Habana, San Miguel del Padrón, Guanabacoa, Regla, y algunas zonas de los restantes municipios, donde existen índices elevados de marginalidad.

La vida precaria en comunidades marginales, que no han hecho sino crecer en los últimos años, destaca como la causa delictiva principal. “Aquí, desde que uno se levanta está delinquiendo”, comenta un testigo de lo acaecido a Jorge Alberto.

Y es que, donde no existen buenas condiciones de vida y tampoco buen control por parte de la policía, se crean las condiciones ideales para el caos social. Aunque hay otros factores importantes que intervienen en este fenómeno.

Habrá que elevar la exigencia a la hora de seleccionar la calidad humana de los miembros de la PNR. Los jefes de las distintas unidades deberán tener más control del trabajo de sus subordinados, para dar menos oportunidad a la corrupción de los mismos.

Por otra parte, y desde hace algunos años, el cubano ha tomado una postura de indolencia ante las injusticias sociales, que tiene que ver con un instinto de supervivencia y conservación, lo cual provoca que nadie denuncie lo que sucede.

Por último, señalar un detalle curioso; tal vez no haya muchos países en el mundo que tengan sus zonas marginales en el mismo corazón de sus capitales. Por lo cual, salir a La Habana, implica el ejercicio de no mirar demasiado para los lados, si no quieres tropezar con la mirada de un proxeneta, un carterista o un asesino.

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