sábado, 17 de mayo de 2014

Se fractura la sociedad cubana

Una anciana recoge botellas de plástico durante un acto militar. Foto: William Cacer.

Por Osmel Almaguer/ Colabora con Hablemos Press.

LA HABANA, 16 de Mayo.- El mito creado por el gobierno comunista a partir del triunfo de la Revolución, según el cual la sociedad cubana no estaba dividida en estratos o clases, sino en un bloque monolítico que construía el futuro en igualdad de condiciones, se ha echado por tierra en los últimos años, tanto por los cambios que en materia económica viene sufriendo el país, como por conciencia de los ciudadanos.

Cada vez más, las personas se muestran reacias a identificarse dentro de la gran masa proletaria, comúnmente identificada como “pueblo”. Esta, en el nuevo orden, vendría siendo una clase inferior; que vive de su salario y a la cual, el “invento” o la “lucha” -eufemismos surgidos para suavizar la dureza de palabras como “robo”, “corrupción”, y “prostitución”-, no resuelven necesidades primarias.

Para ascender socialmente, están las opciones implementadas por el gobierno con el fin de aliviar los efectos de la estrangulación económica que su propia ideología mantiene. Entiéndase: el trabajo por cuenta propia, que amén de los problemas burocráticos, las resoluciones erróneas y la confusión que ha causado, crea las bases legales para el establecimiento de una clase que podríamos definir como: la media.

Dentro de ella, se cuentan los pequeños inversionistas, cuyos negocios incipientes crecen y comienzan a dar dividendos nada desdeñables. Son los dueños de cafeterías, quioscos donde se venden misceláneas y artesanías, son zapateros, barberos, estilistas y brindan con relativa calidad toda una serie de servicios que el Estado desatiende.

A esa clase perteneciente también aquellos que reciben remesas desde el exterior, los dirigentes de nivel medio que se corrompen, los empleados con buenos puestos en empresas con capital extranjero, los que cobran su sueldo directamente del bolsillo de los extranjeros (tanto en el marco legal como en el ilícito), e incluso ciertos delincuentes. La lista de variantes sería interminable.

¿Arriba? Están los altos dirigentes, junto a sus parientes y amigos, acompañados de los inversionistas foráneos. Es la clase capitalista, la clase de los que predican socialismo y ejecutan negocios por debajo del tapete. Uno de los ejemplos que ilustra esta situación es la entrada de piezas de computadoras al país, que luego se venden en el paradójicamente bloqueado sitio Revolico.com.

No hay que tener muchos estudios para darse cuenta de que para las clases media y baja se hace imposible entrar este tipo de piezas al país. Incluso, hasta el otro día era casi imposible para ellos viajar al extranjero. Luego, ¿sobre quien recaería la sospecha?

El mito del igualitarismo no aguanta más. El discurso oficial se ha ido transformando en la misma medida en la que las situaciones lo obligan. Mientras, psiquis y filosofía del pueblo cubano se transforman en función de sobrevivir, o sea, de aplastar las cabezas necesarias para escapar de las clases menos favorecidas.

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