jueves, 22 de mayo de 2014

Crece pragmatismo en la música cubana



Por Osmel Almaguer/ Colabora con Hablemos Press.

LA HABANA, 22 de Mayo.- La lucha por el dinero y el poder se ha vuelto un rasgo cada vez más evidente en el quehacer de los músicos cubanos de hoy. Esta tendencia se extiende desde los sectores más elitistas de la república —entiéndase Ministerio de Cultura con su maquinaria infernal de control—, hasta otros menos favorecidos que igual revisten gran importancia, debido a los dividendos que reportan, siendo el mejor ejemplo los exponentes del reggaetón.

Dos maneras principales de conducirse se identifican: los que hacen pactos con el poder para conseguir prebendas (viajes, conciertos, promoción) y los que persiguen directamente el dinero. Entre los primeros están los de la vieja guardia: Silvio Rodríguez, Amaury Pérez, el difunto Formell, Jorge Gómez (grupo Moncada), etc., que de una forma u otra se han mantenido en la misma línea desde hace mucho tiempo, lo cual, al menos, le brinda coherencia a sus discursos.

Por otra parte, Ricardo Leyva (Sur Caribe), Raúl Torres, Arnaldo (Talismán), Dúo Buena Fe, y otros que podrían integrar una extendidísima lista, comienzan a aparecer como rostros recurrentes en las canciones políticas que a toda hora pasan por la televisión. A este grupo, podríamos sumar aquellos cuyo discurso se ha ido suavizando, desde una crítica mordaz al gobierno y sus decisiones, hasta un abstencionismo que a veces raya en lo enajenante. Por solo citar un ejemplo: los miembros dispersos del proyecto Habana Abierta.

En la otra cara de la misma moneda están los que van directo a las ganancias. Verdaderas marcas comerciales que producen discos muy seguidos y le cantan a quien pague bien: David Blanco, nuevamente el Dúo Buena Fe, Laritza Bacallao, Descemer Bueno, Sexto Sentido, el reggaetón en pleno, entre otros. Artistas que han modificado sus discursos éticos y estéticos buscando un producto altamente comercializable.

El saldo que deja todo esto, y que ya a la altura de más de veinte años de Período Especial se hace más apreciable, es un vacío en cuanto a obras perecederas. Es un cúmulo de cancioncitas muy distantes, no solo en época, sino también calidad, de aquellos artistas que como Bola de Nieve, Benny Moré, Rita Montaner, etc., legaron una obra a la posteridad, a la par que gozaban de la preferencia popular.

La música no es el único sector afectado por este fenómeno, algo similar es notable en las Artes Plásticas, en el cine de los años noventa, e incluso entre los escritores de más reciente hornada.

El cambio de mentalidad de los artistas es, en última instancia, reflejo de la mentalidad de toda la nación. El punto de no retorno en el que cada cual está obligado a velar por sí mismo abole el idealismo socialista practicado e inculcado durante tantas décadas. Nadie confía en lo que caerá de arriba. Mientras el zapatero trata de vivir de sus zapatos, y el lechero de echarle agua a la leche, los artistas se replantean la función del arte, que esta Cuba de hoy, no debe ser otra que la de la supervivencia. 

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