miércoles, 16 de abril de 2014

Cuaresma: conviértanse de las amadas mentiras que viven en la Iglesia (II Parte y final)

Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.

LA HABANA,  16 de Abril.- Que un fiel censure la conducta del clero e invite a los laicos a que llamen al clero a convertirse chocará como blasfemia a muchos que ignorantes de la Palabra de Cristo, y  educados por el totalitarismo para ser "yo-no-soy-nadie", ven en toda autoridad, incluida la religiosa, a un "comandante en jefe" al que hay que obedecer por miedo a buscarse problemas.

La tarea es casi imposible para los laicos y para aquellos pastores que se sienten señores en vez de servidores y no reconocen al laico otro lugar en la Iglesia que el de objeto pasivo sin voz ni voto ni derecho, en lugar de sujeto miembro activo de la Iglesia (como argumenta el teólogo Gumersindo Salas).

 Laico bienvenido como "buen salvaje"  cuando aprueba ciegamente, pero como porquería en el zapato del pastor si le expresa desacuerdo a ejemplo de San Juan Bautista que en medio del silencio de los sacerdotes gritó al rey: "No te es lícito".

Caso en que -muy evangélicos de apariencias- ni  se sacuden el zapato sino que excluyen a los fieles disidentes (tanto morales como políticos) de cualquier actividad eclesial, tratándolos como si no existieran y muy "yo-no-fui"  ante el acoso "moobing" del que los hacen objeto algunos fieles.

Primero quitarse "la viga del ojo", luego influir a la sociedad en lugar de que ésta influya a la Iglesia acanallándola, como ocurre. Si lo hubieran hecho, durante el jubileo reciente habrían llamado al pueblo a arrepentimiento y conversión y no a devoción superficial, superstición e idolatría a una imagen.

Cuando durante tres años de procesiones y actos públicos (politiqueros que no religiosos) colmaron al pueblo de bendiciones - incluidas  las de S.S. Benedicto XVI- que se hicieron maldición con epidemias, temblores de tierra inusuales, ciclón que devastó !hasta el santuario de la imagen del jubileo!

Y ni por esas señales han cambiado su discurso de religiosidad "light", para arrepentirse, convertirse y llamar a ello al pueblo.Claro, para orientar y amonestar al pueblo hay que tener autoridad:
Sin conversión personal no hay esa autoridad sino la del general que pierde las batallas y las apunta como victorias.

Y no podrá influir en la conversión del pueblo, y menos en los cambios para la sociedad  que pregonan !desde el 2006!, no como actores independientes sino como instrumentos propagandísticos de Castro.

Pero para convertirse hay que comprender que se yerra, querer cambiar y aceptar la cruz en lugar de vivir en negación de la realidad por miedo. Miedo obstáculo para reconocer los errores, y señal de pobreza en la Fe. Otro obstáculo es  cierta "deformación profesional":
Aunque prejuicioso, es reconocible en ciertas profesiones la propensión a defectos que les son peculiares, y, sin desdoro de las profesiones médica y sacerdotal, en ambas hay tendencia de bastantes  miembros a creer que saben…más de lo que realmente saben.

Ser orador, dar clases, mandar como jefe indiscutible, recibir halagos constantes -sinceros unos y adulación otros- hacen perder la cabeza a muchos, y si hay sacerdotes humildes y santos, otros ceden a la tentación de creerse infalibles y ven como ofensa la menor contradicción.

De decirse representantes de Dios, pasan a endiosarse a sí mismos; y en esa tentación mal los ayudan "los primeros puestos y las largas vestiduras" y menos "la apertura" gubernamental.

Tampoco aislarse de la sociedad creándose un mundillo cerrado que recuerda a esas películas donde los policías de Nueva York cuando acaban su trabajo acuden a bares de policías y el fin de semana a parrilladas en patios de policías.

No todo el cambio que necesita la Iglesia podemos dejárselo a la oración sin obras de justicia y al papa Francisco. Hay  que vivir en y para Dios renunciando a falsos dioses, particularmente al poderoso "dios" Miedo-a-meterme-en-problemas.

Laborar por una Iglesia viva requiere renunciar los pastores a su mentalidad de brahmanes y de cortesanos del Poder que los amenaza pero a la par los privilegia con cierta categoría como de diplomáticos extranjeros.

Y los laicos a su conformismo espiritual y a su anonadamiento servil de "yo-no-soy-nadie-en-mi-Iglesia". - Corresponde a los pastores alentarlos, y ahí está el obstáculo (círculo vicioso de siglos: O herejes o leales a la corrupción de la Iglesia).

Y en la impotencia de los laicos para alentar y amonestar a los pastores cuando les fallan - en lugar de callar y renunciar a pensar, adormecidos en su "Yo-no-soy-responsable es asunto del párroco o del Papa, ellos saben, piensan por mí y lo que hagan tiene forzosamente que estar bien aunque parezca mal".

Y renunciar ambos a taparse los ojos a la realidad de una Iglesia que no es una sino dividida entre los profesionales (sacerdocio) y "los aficionados" (laicos) meros espectadores o mandaderos.

Pese a que la Palabra y el Catecismo nos predican que la Iglesia es el cuerpo de Cristo compuesto por diversos miembros, cuando oímos "Iglesia" pensamos "curas", lo que significa sabernos excluidos, ajenos, inferiores a los portadores de las llaves del Cielo, y de las de todas las puertas y gavetas del templo.

Ambos con mentalidad de: "Si no te gusta cómo funciona mí Iglesia, te lo aguantas o te vas", que tan eficazmente vació, y vacía, los templos en Europa y Cuba.

Lo peor no es entender a la Iglesia como maquinaria de poder y burocrática propiedad de una casta, sino justificarlo con el Evangelio:
Pues  tergiversan los mandatos de Cristo de no juzgar, ser fraternales, ser mansos, para justificar su obrar mal, para injusticias, tiranías y rencillas que corrompen las comunidades. Hacen a los laicos sentirse culpables por pensar que lo mal hecho por el cura… está mal hecho.

Creen su deber callar y acatar lo incorrecto; ello favorece el mal camino de algunos y la manipulación de la Iglesia por la Dictadura. Cuando decimos: "No den escándalo, la ropa sucia se lava en casa", el escándalo  y la suciedad se eternizan e imperan.

(En las iglesias evangélicas ocurre igual o peor; sumisión al Gobierno, pastores que explotan las donaciones para su lucro personal, con práctica de adquirir casas "heredadas", "regaladas por el suegro", y autos que arriendan a taxistas).

No llamo a desobediencia ni a irrespetar, sino a no dejar al Papa solo en exigirles que cumplan obediencia a la Palabra, a la Doctrina, al Papa - cuya voz llamando a reforma acallan dentro de la Iglesia en Cuba, con apoyo en la censura gubernamental de la información.

Cuaresma y Semana Santa en Cuba significan elegir nuestro papel personal en la tragedia que se repite: Ser Poncio Pilatos, o apóstoles que huyen, o Judas - que sus argumentos tendría - o sacerdotes que por soberbia y miedo piden la muerte del justo porque "conviene para que no perezca el pueblo".

 Multitud que aplaude a Cristo para días después gritar: "!Crucifícalo!"; indiferentes que no se enteraron o siguieron de largo a sus asuntos, ser los pocos que lo acompañaron desde lejos, o… ser Cristo.

!Duro! Pero continuar adormilados en fe sin obras, prédicas teorizantes, cartas pastorales de ambigüedad vergonzosa, silencio ante el crimen, culto-divertimento, nos lleva en ofensa al Dios de Misericordia  a merecer tiranía, miserias, epidemias, templos que se vacían, pastores amos indiferentes.

 Y -próximo- el ya palpable juicio de Dios sobre Cuba y su ineficiente iglesia.
Como al laico Francisco de Asís, Cristo nos dice desde el crucifijo: "Vete y repara mi iglesia, que se está cayendo en ruinas".

Pero hay que empezar por querer seguirlo, no negarse a ver esa ruina mientras nos pregonan un  avivamiento, que lo hubo cerca de 1997, murió poco después porque le cortaron el ombligo quienes debían alimentarlo.

Y pretenden hoy que aquel avivamiento asesinado es el actual concubinato con los poderosos; cosa de no meterse en problemas como le ocurrió a Cristo por servir al pueblo: "¿Acaso soy yo guardián de mi hermano?" Conviértanse antes del día de la ira de Dios, y la del pueblo.

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