jueves, 10 de abril de 2014

Cuaresma: Conviértanse de las amadas mentiras que viven en la Iglesia (I Parte)


Por Jaime Leygonier/ Hablemos Press.

LA HABANA,  10 de Abril.- Cuaresma y Semana Santa: En su ciclo anual la Iglesia nos invita a la introspección buscando  cambio de vida, hoy que "todo vale" y pasó de moda sentir culpa.

Las lecturas bíblicas nos hablan de premio para quien sea fiel a Dios y castigo para quien se cierra a trascenderse.

Pero los mandatos de Cristo son opuestos a la propia conveniencia - particularmente bajo el totalitarismo - y la gente dice que son "de épocas pasadas" (como si acaso en alguna época la gente los cumpliera y la Biblia no narrara historias de pecado).

Exigen veracidad y honradez  para con uno mismo y para con los demás, sin la felicidad del auto-engaño; nacer de nuevo,  justo ahora que estamos tan encariñados con las malas mañas aprendidas  y  amamos vivir en: "Soy bastante bueno", Él nos llama a cargar la cruz cada día. Es tanto que…

En este país de picadillo que no es de carne, yogurt que no es de leche y comunistas que no creen en su Gobierno, se inventaron una religión "sucedánea", que no obliga a nada, acolchadita, sin cruz, ni conducta cívica y moral, ni conflicto, superficial, de entretenimiento, sabrosa aunque poco nutritiva.

Donde el clero sometido al estado totalitario y sometedor a su vez, expende un culto rutinario, meramente devocional -como proyeccionistas de cine que dieran misas- de espaldas a:
Cualquier idea de reformarse, a los acuerdos del Vaticano II, al papa Francisco (en Cuba es como si no existiera para el clero cubano) y al Cristo-pueblo que anda "como oveja sin pastor" y a quien no orientan una conducta personal y social consecuente con la Doctrina.

Ovejas sin pastor con tantos pastores ocupadísimos en rehuir confesar y dar responsos y en congraciarse con el poder. Y que, hermanos espirituales de los comunistas que no creen en el comunismo, no sería extraño que algunos no crean en Dios.

O que, además de adorar la estatua de Nabucodonosor, usan al "dios de amor" retórico, consentidor  como abuelita y que no exige sino un dulzarrón "amor" que no aterriza sobre el prójimo pero nos hace creernos "buenos"; enajenación, "opio de los pueblos" que el Estado les premia.

Cuando las voces de la Iglesia resuenan en todo el mundo llamando a reformar a la Iglesia en crisis y descrédito, en Cuba callan. Amonestan contra el "matrimonio" homosexual, en Cuba callan sobre la gubernamental propaganda pro-homosexualidad dirigida a los niños en escuelas y T.V.

"Allá" orientan votar en las elecciones por candidatos no abortistas, "acá" callan ante las fingidas elecciones con que se auto valida una dictadura que costó, hasta los años 90, cuatro millones de vidas por legrados.

 Y hasta algún pastor mandó a los fieles a "votar temprano" (y contra conciencia) "porque los cristianos deben cumplir sus deberes con el estado"- dijo.

La Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, constituida por 13 obispos, es responsable no sólo de largo silencio sobre asesinatos, golpizas y violaciones de los derechos humanos en Cuba sino de declaraciones falsas que los niegan, y de rechazo a quienes las denuncian.

De haber resistido como mártires la persecución estatal para ahora apostatar so pretexto de "ganar espacio", declarando "espiritualismo vacío" todo enfrentamiento a la dictadura comunista (Arzobispado de La Habana, Rev. Palabra Nueva, N° 196, abril, 2010).

Desde el 2006 -2007 garantizan de Raúl Castro:"Sus intenciones muy serias de cambio" sin aclarar qué cosa sea el "modelo cubano".

Ni cómo cambiará mediante "reforma" económica, legal y políticamente imposible sin costarle el poder a la cúpula (lo cual no sería reforma sino revolución).

Ni siquiera oran por el cese de las epidemias -como es tradición de la Iglesia- simplemente porque el Estado niega esas epidemias y no van a desagradarlo ni  por "espiritualismo vacío" ni por espiritualidad consecuente.

Le expiden falsos certificados de buena conducta, de disminución de las violaciones de los derechos humanos, declarando en nombre del "pueblo de Cuba", al que no representan.

!Ni siquiera presentan súplicas al Gobierno!, sino divagaciones, indirectas confusas minimizando los males nacionales, en su "estilo" habitual  de retocar cada frase para que pueda dársele dos sentidos, y hasta ninguno.

Desoyendo a Jesucristo en su: "Sea el sí, sí y el no, no, que lo que de esto pasa, del mal (o del maligno) procede".

Pretenden influir en el cambio cuando hasta desoyen pequeñeces como la petición de abrir correctamente las puertas de templos del siglo XIX, para que no sean obstáculo arquitectónico para ancianos e impedidos.

Como es costumbre negligente y parece que !principio! en las parroquias de Jesús del Monte, El Espíritu Santo, Nuestra Sra. de La Guardia, Monserrate, El Carmen, entre otras.

Igual  persisten en cobrar las misas de difuntos - generalmente a $1 peso por cada fallecido. Si no son fieles en eso poco ¿Cómo nos exigen que confiemos a ciegas en que son fieles en lo mucho nacional?

Por estos casos y otros, ahora que los obispos y sacerdotes nos llaman a conversión y las lecturas bíblicas de las misas nos sacuden a todos y parecen acusarlos a ellos…

¿No es necesario que los laicos los llamemos a conversión, les digamos lo que necesitamos de ellos y apelemos a su deber de servicio. Convirtiéndonos nosotros de una mansedumbre que no es cristiana sino servil ?

¿No habría que convertirse de arriba a abajo, empezar por avergonzarse de tanto no hacer, de tanto mirar para otro lado, callar ante la injusticia, y adular al injusto por miedo y conveniencia?:
Trátese del Estado anticristiano que les tatúa visiblemente el 666 o de las camarillas de iglesia que disputan por un poder ridículo imponiendo discordia cuando el pastor coloca primero !antes de Dios! el quedar bien con todos y… queda mal con todos y con lo que predica.

Habría que avivar en el seno de las comunidades, y después hacia la sociedad, el "hambre y sed de justicia", bienaventuranza que rehúye nuestro clero porque le costaría conflictos.

Rebeldía contra la Palabra de Dios que en Hechos  y en las epístolas nos testimonia que al orientar y amonestar a las iglesias los apóstoles jamás rehuyeron tales conflictos.

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