jueves, 13 de marzo de 2014

Rompiendo el asfalto de las calles

Por Rodolfo Noda Ortega/ Hablemos Press.

LA HABANA, 13 de Marzo.- Después de la partida de Batista y el triunfo de Fidel, las instituciones privadas, las sociedades fraternales, el colegio médico y las iglesias aplaudieron los discursos, consignas y leyes que impuso el joven ministro.

El cardenal existente fue expulsado por la “revolución de los cambios”. Décadas después fue ordenado Jaime Lucas Ortega Alamino, ex preso de los campos de concentración conocidos por UMAP.

Los fieles dejaron de asistir a sus congregaciones y se convirtieron en fieles milicianos. Las parroquias fueron olvidadas y las campanas que llamaban a misa, fueron superadas por las pisadas de los batallones rompiendo el asfalto de las calles.

Los pastores evangelistas imitaron a los sacerdotes católicos, huyendo del comunismo caribeño, se exiliaron junto a buena parte de los cubanos que emigraban al compás de las intervenciones de sus negocios y propiedades.

Comenzaba el ateísmo. Después de siglos de creencia en un ser Superior, otra figura era adorada. Las imágenes fueron sustituidas por una chapa en rojo y negro con una leyenda donde rezaba: Fidel, esta es tu casa, esta es tu casa Fidel.

Cientos de biblias fueron quemadas en piras, escondidas o sustituidas por el manifiesto comunista. Ahora las congregaciones serían en la plaza cívica, (bautizada como plaza de la revolución) para oír y adorar al falso dios.

Es cierto que fue una revolución triunfante y cambiante, porque los tales cambios originaron éxodos masivos. Triunfó la mentira, el robo, el engaño.

Las gratuidades fueron un cebo, donde picaron almas que necesitaba el diablo en su afán por hacer el mal, como el siervo Job, como se lee en el primer libro de los poéticos o sapienciales. Parecido es la tribulación de los isleños hace 11 lustros. El pueblo de Israel estuvo cautivo 40 años en el desierto y sufrieron bajo la tiranía de un faraón.

En Isaías 5:13 se lee: Por tanto, mi pueblo fue llevado cautivo,  porque no tuvo conocimiento; y su gloria pereció de hambre, y su multitud se secó de sed.

Jeremías-13-17: Mas, si no oyereis esto, en secreto llorará mí alma a causa de vuestra soberbia; y llorando amargamente se desharán mis ojos en lágrimas, porque el rebaño de Jehová fue hecho cautivo.

Satanás fue expulsado con un tercio de sus huestes a la Tierra en forma de espíritus desincorporados, y vaga desde entonces con ellos tentando a cuanto ser mortal sea afín y proclive a provocar la miseria humana. Las huestes de Satanás, al quedar privadas de un cuerpo terrenal, buscan ocupar cuerpos, corrompiendo al espíritu humano.

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