martes, 18 de marzo de 2014

Prisioneros enfermos con VIH/SIDA enfrentan tratos crueles

Unidad Especial para enfermos de SIDA, situada en el municipio San José de las Lajas. Foto: Hablemos Press.

Por Jorge A. Liriano Linares/ Hablemos Press.

LA HABANA, 18 de Marzo.- Los sucesos que tienen lugar en el sanatorio para pacientes de VIH Sida, ubicado en la prisión Kilo-9, en la provincia Camagüey, reflejan la magnitud de los tratos crueles y degradantes dentro del sistema penitenciario cubano.

El prisionero político Armando Sosa Fortuni, confinado en la prisión Kilo 9 -donde radica el Sidatario penal que agrupa más de un centenar de pacientes de varias provincias del centro y el oriente del país-, declara que “los enfermos enfrentan hacinamiento, insalubridad, carencia de avituallamiento y aseo personal, con limitaciones en la ventilación, iluminación y  agua potable”.

Sosa Fortuni asegura que también carecen de los medicamentos establecidos para enfrentar el virus, sumándose a estas carencias  la pésima calidad y escasa alimentación y el abuso de poder de las autoridades militares, que desvían y roban los escasos recursos asignados para estos prisioneros con VIH/SIDA.

En su informe, Sosa Fortuni señala que “la falta de vocación humanista de funcionarios y personal de salud dan rienda suelta al maltrato, de obra y de palabra, contra los enfermos, aplicándoles métodos de tortura como la crucifixión”, mecanismo instaurado por los nazis contra los judíos en los campos de concentración durante la segunda guerra mundial.

“Este método de tortura consiste en colgar al reo de las rejas de la celda con los brazos abiertos en forma de cruz, suspendido a un metro del suelo, privándolo de agua y alimento por más de 24 horas; incluso, menoscabando su dignidad, pues la tortura exige la desnudez forzada, para colocar más a la víctima en una condición inferior a la de un ser humano”.

Añade que “los enfermos enfrentan brutales golpizas, resultando lesionados de gravedad, y la inmensa mayoría son aislados en celdas solitarias”.

Asegura que “idéntica suerte corren las mujeres internadas en este sanatorio; lo que provoca el aumento del estrés y la desesperanza, conllevando al incremento de  los intentos de suicidios y las autoagresiones”.

En su testimonio, Sosa Fortuni mencionó la sistematicidad de las huelgas de hambre que llevan a cabo los pacientes recluidos en este Sidatorio, para exigir que se respeten las reglas mínimas internacionales.

Estas huelgas, la mayoría de las veces, se ven precisados a deponerla por falta de apoyo de los medios, que rara vez logran enterarse producto al aislamiento y la incomunicación a la que son sometidos.

Yeander Farre, un activista de Derechos Humanos que permaneció recluido más de 6 meses en la Unidad Especial para enfermos de SIDA del municipio San José de las Lajas, provincia Mayabeque, dice que “allí los reclusos permanecen en las mismas condiciones” descritas por  Sosa Fortuni.


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