jueves, 20 de marzo de 2014

Cientos de cubanos viven así en pleno siglo XXI

Por Jorge A. Liriano Linares/ Hablemos Press.
LA HABANA, 20 de Marzo.- A juzgar por la evidencia y los antecedentes históricos, los regímenes totalitarios no son nada eficientes a la hora de construir viviendas, arreglar calles, aceras, alcantarillas, redes de agua potable y alumbrado público o mantener un adecuado sistema de transporte, sin contar por supuesto el disfrute de las libertades políticas y los Derechos Humanos.
Durante más de cinco décadas los gobernantes de la isla han pregonado a bombo y platillo que “la revolución no dejará a nadie desamparado”.  Es cierto que de tanto repetir una mentira se hace creíble, -a Hitler le dio mucho resultado en tiempos de la Alemania fascista. No es de dudar que nuestros líderes históricos hayan adquirido la experiencia de aquel diabólico personaje.
Lo cierto es que entre los muchos problemas sociales que nos aqueja a los cubanos, el desamparo es quizás el más agobiante, y también el de mayores repercusiones.
Los cubanos hemos sufrido 55 años de privaciones y escaseces; mucha injusticia, desigualdad, abusos y atropellos. La política oficial y las leyes sobre la vivienda han sumido y mantienen a miles de familias en una calamidad extrema.
Sólo hay que echar un vistazo a nuestro alrededor, para percibir en el rostro de la mayoría de los pobladores reflejado el dolor de la pobreza y el abandono al que han sido sometidos, como si el tiempo no hubiese trascurrido desde 1959.
El pueblo permanece impoluto ante el mundo que lo rodea. Luchando para sobrevivir crecen los desamparados, aumentan los niveles de mendicidad y el ejército de pordioseros socialistas   se hunden en los contenedores de basura o recogen sobras de alimento en los residuos de los centros gastronómicos, esos mismos que cada noche a merced de las inclemencias del tiempo duermen donde les coja la noche, en su mayoría personas de la tercera edad, casados con una vida de necesidad y miseria.
La realidad está latente en cada rincón del país, transparente como la vida digna y honesta de millones de cubanos, que sufren el engaño y el desamparo del sistema; detenidos en el tiempo desde hace más de medio siglo.

Sobran las evidencias, sólo hay que salir a las calles y mirar en derredor; el verdadero rostro de la patria de Martí no es precisamente el rostro de la igualdad, la justicia social y la libertad.

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