martes, 25 de febrero de 2014

Una mirada al virus de VIH/SIDA en Cuba

Por Alma Francis/ Hablemos Press.   

LA HABANA, 25 de Febrero.- A pesar de que Cuba muestra la más baja tasa de incidencia de la infección por VIH del continente y que existe un Programa Nacional para la Prevención de las ITS/VIH/SIDA, la epidemia aumenta cada día, alcanzando la cifra de más de 20.000 personas diagnosticadas.

Independientemente de que el virus no distingue condición social, género ni orientación sexual, el peso de la epidemia recae en personas de baja instrucción y hogares disfuncionales. Los homosexuales masculinos representan el 80 por ciento, pero la cifra de mujeres también se incrementa.

No obstante las campañas por la aceptación de la diversidad, que realiza la Comunidad LGTB (seropositivos en su mayoría), persisten fuertes manifestaciones de homofobia. Tampoco han logrado ser efectivas las campañas publicitarias de prevención contra el VIH. Estas poblaciones vulnerables presentan dificultades para enfrentar su diagnóstico y aprender a vivir con su nueva condición serológica. Disímiles son las muestras de discriminación hacia las personas con VIH/SIDA (reconocidas internacionalmente con el término PVV).  

El Sector de la Salud, a pesar de ser el que más contribuye al control de la epidemia y tratamiento de las enfermedades, es el que más discrimina, existiendo mala atención y malos tratos por parte de médicos y enfermeras, fundamentalmente.

Los cursos “Aprendiendo a vivir con VIH” resultan deficientes en calidad y tiempo requerido, por lo que los temas de Legalidad y SIDA  no son debidamente abordados. A estas y otras dificultades se suma la falta de especialistas en psicología que ayuden al paciente a lidiar con los efectos psicológicos asociados con este tipo de enfermedades, y se dificulta el aprendizaje que se requiere para que el paciente conozca sus deberes y derechos.

Como todos los programas de salud emprendidos por el gobierno cubano, el Programa Nacional para la Prevención y Tratamiento de Enfermedades de Trasmisión Sexual, se ha deteriorado considerablemente; en consecuencia, los  desaciertos del Programa de Descentralización son cada vez mayores, confrontándose serios problemas para la atención médica y el suministro  de medicamentos.

Existen Regulaciones que prohíben a los médicos seropositivos el cumplimiento de misiones en el extranjero; también se niega el acceso a carreras universitarias en especialidades de Ciencias Médicas, Química y Elaboración de Alimentos.

Por su parte, las fuerzas militares establecen que no puede haber en sus filas personas portadoras de epidemias. Evidentemente, estas son muestras de discriminación.

Según el testimonio de numerosos reclusos que reportan las incidencias a diferentes medios de prensa alternativo independientes, los pacientes seropositivos que se encuentran en régimen de Prisiones no reciben la debida atención médica regular ni los medicamentos requeridos; ni siquiera los condones gratuitos para PVV que asigna el Fondo Global.

Existe un número considerable de PVV que trabaja en el Programa, y de funcionarios del sector de la Salud que especulan con las necesidades de los enfermos con VIH; es decir, lucran con los pocos recursos que asigna el régimen para estos pacientes; fundamentalmente, los del Fondo Global, destinados para las PVV y otros Proyectos, desviando su utilización en beneficio de personas que  dicen trabajar en favor de la disminución de la epidemia y por la calidad de vida de los infectados.

En teoría, las personas con VIH tienen los mismos derechos constitucionales que el resto de los ciudadanos, pero en la práctica son estigmatizados, y   discriminados, lo cual resulta anticonstitucional.

Existe un espacio en el Centro Nacional de Prevención para atender las quejas por acciones discriminatorias, pero muchas de las quejas que llegan al Centro  se quedan sin solución.

Para garantizar calidad de vida a las personas seropositivas al VIH y disminuir la incidencia de la epidemia se precisa, entre otros aspectos, el cumplimiento de los deberes y derechos de los infectados y/o afectados.

Se impone entonces que estas víctimas del estigma y la discriminación por VIH, que han sido marginadas por la sociedad e instituciones, y que en la mayoría de las ocasiones, al poseer baja autoestima temen revelar su diagnóstico y encarar el problema, aprendan a exigir y hagan valer sus derechos realizando las denuncias pertinentes, lo cual pondría en crisis la imagen que el régimen proyecta al mundo en materia de atención médica y derechos al trabajo y estudio de las personas seropositivas al VIH.

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