miércoles, 19 de febrero de 2014

Opositores de Cuba y Venezuela: dos aptitudes distintas.





Por Mario Hechavarria Driggs, periodista independiente.

Venezuela está que arde, dicen los comentarios en La Habana, en tanto Las Damas de Blanco continúan paseándose por las calles habaneras, con sus gladiolos, rodeadas de un verdadero ejército de oficiales de la seguridad del estado, más atentos a cualquier gesto de los transeúntes que al caminar de estas valientes mujeres.

En Caracas es otra cosa, los opositores le están robando las calles al gobierno, descargando su ira contra las últimas medidas económicas que representan una intromisión directa del estado en la gestión económica de los empresarios privados, sobre todo en los pequeños y medianos negocios.

El desabastecimiento y la miseria en Venezuela hacen recordar nuestras permanentes carencias, eternizadas por el fracasado modelo socialista que nos impusieron. Evidentemente los venezolanos no desean llegar a tal extremo y están adelantándose a un posible destino, palpable en la Isla del Caribe presentada como su hermana de lucha.

En Cuba también hay enfrentamientos al régimen, pero el panorama es bien diferente. Bertha Soler líder de las Damas de Blanco se logra entrevistar con el presidente de los Estados Unidos, en tanto sus compañeras son arrestadas y golpeadas ante la mirada silenciosa de los ciudadanos que las ven desfilar por las calles.

Nos llega la noticia de una huelga de hambre iniciada por José Luis Pérez Antúnez en Villa Clara, quien fuera injustamente despojado, en su propia casa, de su computadora y otros artículos personales por la policía. En la capital la luchadora pacifica Martha Beatriz Roque Cabello es acosada y golpeada en su propia vivienda.

Sin embargo, poco o nada de reacción se aprecia entre la mayoría de los líderes de la oposición, cada uno enajenado en su proyecto personal, sin vertebrar una acción colectiva capaz de mover al pueblo, tal y como es apreciable en Venezuela, donde en liderazgo ha sido capaz de articular un programa que tiene temblando al Presidente Maduro y sus colaboradores.

Una vez el dictador en jefe Fidel Castro, ante la inminencia de ser capturado por el ejército de Batista, escuchó de parte de un Teniente de apellido Sarria, jefe del pelotón que lo llevaría a prisión: No disparen, las ideas no se matan. Tampoco disparan balas contra Antúnez, Martha Beatriz o las Damas de Blanco, simplemente utilizan el acoso, el golpe y la prisión, sin importarles los derechos humanos.

En Caracas puede esperarse la próxima caída del chavismo, removido por la acción popular, concertada y unida por un evidente plan de todos los opositores. En Cuba debemos de formar líderes que sean capases de conducirnos sin ambiciones personales.

De momento, nos mantenemos a la expectativa, Venezuela está que arde.


2 comentarios:

Pedro Benitez dijo...

Buen articulo.
Pienso es necesario la solidaridad con las familias de los 100,000 cubanos en Venezuela y que se exiga al gobierno cubano la garantia de la integridad fisica de los 100,000 cubanos en Venezuela. Una evacuacion de emergencia puede ser muy peligrosa y el articulo escrito por el nacional (Cubanos Go Home) esta causando un ruido muy peligroso entre los estudiantes universitarios venezolanos.

Pedro Benitez dijo...

El Articulo publicado por El Nacional, periodico mas importante de Venezuela.

Cubanos Go Home

El pasado domingo, un periodista que labora para una cadena de televisión extranjera aseveraba en uno de sus despachos enviado sobre Venezuela que desde La Habana había salido un contingente de “fusileros” entrenado en la tarea de contrarrestar motines y reprimir manifestaciones, una especialidad en la cual han dado muestras de gran eficacia y crueldad.

No se ha podido confirmar, luego de numerosas tentativas, la veracidad de tal noticia, pero nada tendría de extraño que la dictadura de los hermanos Castro manejara la hipótesis de intervenir directamente en este país para salvaguardar sus intereses que, claro está, son muchos y muy importantes, pues de ellos depende, en la práctica, la supervivencia del represivo régimen caribeño.

Absolutamente nadie, excepto quienes los suscribieron en secreto, conoce los términos del convenio de cooperación cubano venezolano. Sin embargo, quienes han investigado sus alcances opinan que el acuerdo supone una erogación de más de 90.000 dólares por cada uno de los más de 50.000 invasores llegados, hasta el año 2012, desde la económicamente extenuada y militarmente bien apertrechada isla antillana.

Por otra parte, investigaciones serias y bien documentadas han expuesto las vergonzosas condiciones del tratado que, en virtud de un irresponsable concepto de solidaridad enarbolado por Hugo Chávez, convirtió a Cuba en país exportador de petróleo sin que la isla produzca una gota del preciado hidrocarburo. También estiman en más de 5.000 millones de dólares la deuda petrolera del régimen insular con nuestro país. Las cifras corresponden al año 2012, pero extraoficialmente se acepta que hoy la presencia cubana se puede contabilizar en 100.000 almas.

En Venezuela hay cubanos hasta en la sopa. Su intromisión ha sido detectada, denunciada y repudiada en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. En manos cubanas, más exactamente en las del G2, está la cedulación de los venezolanos, así como la emisión de pasaportes; la gestión de los registros y las notarías, lo que le permite a La Habana hurgar en asuntos que deberían ser de absoluta incumbencia de la República.

De igual manera, controlan los puertos y aeropuertos, que por razones estratégicas y de seguridad nacional corresponde a nuestro país administrarlos, pero que fueron graciosamente dados en concesión a empresas cubanas que controlan el flujo de nuestras importaciones y exportaciones.

No escapan a esta situación los ministerios de Alimentación, de Ciencias, el de las Comunas, el de Salud, el de Deportes, el Ministerio de la Defensa y el Despacho de la Presidencia, la corporación Casa y el Inces. Medio país y algo más entregado a piernas abiertas por el PSUV a unos extranjeros que, en el fondo, no son más que funcionarios al servicio de otro gobierno.

Así, lo que comenzó con una misión de salud terminó en una invasión que, con la anuencia del comandante eterno, fue meticulosamente planificada por el gobierno castrocomunista para hacerse, no de una playa de desembarco para sus tropas, sino de un protectorado al estilo colonial, a cuyo domesticado gobierno pudiera dictar lineamientos en función de sus necesidades internas, sin que le importe el qué dirán de los venezolanos.

El descaro llegó al colmo cuando se nos envió al comandante cubano Ramiro Valdez (alias “ponchera de sangre”) y que para ayudar a resolver la crisis energética. Ahora, cuando se ha comenzado a embestir cruelmente contra pacíficos manifestantes, queda en evidencia que aquella visita fue para diseñar nuevas estrategias de represión.

Y como Maduro pierde credibilidad, la gente teme que sea cierto lo de esos invisibles fusileros enviados por Cuba y que luego descargarían sus municiones sobre indefensos críticos del régimen. Es el momento de gritar: ¡cubanos, go home!

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