martes, 14 de enero de 2014

Vendiendo nuevas ilusiones

Por Jorge Alberto Liriano Linares/ Hablemos Press.

LA HABANA, 14 de Enero.- Con el inicio de un nuevo año la humanidad suele aferrarse a un mundo mejor; es un recurso psicológico propio del ser humano, pero que no es ajeno a las esperanzas que venden ciertos gobiernos y políticos a su pueblo.

En Cuba, nuevamente lo acabamos de presenciar mientras el general presidente despedía el 2013.

Una vez más el régimen cubano acude al viejo ardid de vender ilusiones.

Después de 55 años amasando el poder, bajo la opresión, causando el derrumbe ético de la sociedad, la máxima dirección del país anuncia un próspero 2014 con “crecientes afluencias de divisas, notables incrementos productivos y una mayor calidad de vida para el pueblo”.

No cabe dudas de que en esto de manipular, embaucar y vender planes, promesas y esperanzas, los seguidores de la ideología comunista han roto todos los record de la historia; de hecho, cumpliendo 55 años entronizados en el poder acomodando a su antojo la maltrecha vida de millones de cubanos.

Los arquitectos de la mentira han prometido, entre otras futuristas utopías, la próxima eliminación de la dualidad monetaria. 
   
Vale la pena recordar que Cuba es el único país que imprime dos monedas en el mundo; un sistema que se aplica desde 1994.

Tras el colapso de la Unión Soviética los cubanos utilizan dos monedas: el peso cubano, con el que la mayor parte de la población cobra sus salarios y paga productos y servicios básicos; y el (CUC) peso cubano convertible, equivalente al dólar, con el que el Estado vende los productos importados y cobra por servicios como el turismo.

El propio Raúl Castro vende estas nuevas ilusiones como algo “transcendental por su repercusión en todas las facetas de la vida nacional”, y alude que “su aplicación resulta imprescindible para mejorar el funcionamiento de la economía y la edificación de un socialismo próspero y sostenible”, y es que hace 20 años el pueblo cubano viene sufriendo los desmanes de la doble moneda, los salarios pagados en una moneda y la adquisición de productos de primera necesidad y servicios en otra, por un valor 2 veces mayor; fuente de mucho resentimiento y desigualdad entre los que tienen acceso a los CUC y los que sobreviven exclusivamente de la moneda nacional.

Son varias las opiniones de la población en este sentido; muchos optimistas sueñan que la única opción funcional sería “igualar el peso cubano al convertible”; ello daría un respiro económico al pueblo, y por ende una mejoría en la calidad de vida del cubano de a pie.

La gran mayoría conserva las dudas, tal vez hastiados de tantas promesas sin cumplir a lo largo de estos 55 años.

Por ello, es imposible creer que el régimen implemente alguna medida que beneficie al pueblo. Durante cinco décadas, a los castros y sus acólitos seguidores sólo “les importa mantenerse en el poder y no el bienestar del pueblo”.

Cuando una minoría conservadora, con mejores niveles de vida, opinan que la eliminación de la doble moneda es “necesaria, aunque  puede generar una enorme inflación ante un gobierno incapaz de perjudicar mucho más a la población.

Hasta ahora todo se mantiene igual, y la incertidumbre flota en el sentir de los cubanos: ¿Cuál será la moneda que se queda? ¿Subirán los salarios, o será otra nueva ilusión  de las tantas a las que ya estamos acostumbrados?

Por lo pronto, según solicitudes expresas del propio Raúl, se requiere “inteligencia, firmeza y mucha paciencia” para sobrevivir en un país regido por la dictadura militar totalitaria más larga de la historia. 

Vender nuevas ilusiones es fácil para los gobernantes; el problema radica en que los pueblos sigan cayendo en la trampa.

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