miércoles, 22 de enero de 2014

No hay nada más importante que un niño

Una tienda de juguetes en La Habana.  Fotografía del autor.

Por Jorge A Liriano Linares/ Hablemos Press.

LA HABANA, 22 de Enero.- En los inicios de la década del 90 cuando como castillo de naipes se fue derrumbando, día tras días, el llamado campo socialista, el golpe para Cuba fue terrible y nos obligó a adoptar medidas para sobrevivir.

Recuerdo la polémica que transcendió a la prensa por la comercialización de un juguete. Se trataba de un muñeco japonés conocido con el nombre de Tamagoshi, programado para tener comportamientos propios de un bebé, tales como llorar, toser, presentar fiebre, sentir hambre, sueño, deseos de hacer pipi y otros tantos que requerían de su dueño niño, atenciones que solo pueden dar los adultos. Tan humanas eran las necesidades del bebé juguete que un inadecuado tratamiento de su poseedor lo podía conducir a su muerte.

Psicólogos, pedagogos y pediatras cubanos coincidieron en lo dañino que  resultaba semejante entretenimiento.

Interrogados al respecto, los directivos cubanos que comercializaban el Tamagoshi no tuvieron el menor reparo para decir que estaban al tanto de esos juicios, pero que el objetivo es vender. En la filosofía que ellos practicaban en aquellos momentos el negocio estaba primero; el niño no contaba.

Esos directivos fueron capaces de poner olímpicamente su condición de comerciantes por encima de un precepto que es un orgullo y mandato universal: no hay nada más importante que un niño.

Hoy, después de más de cinco décadas, los niños cubanos siguen sin importarles a los dirigentes socialistas; basta un recorrido por las instalaciones escolares y cualquiera puede percatarse de las precarias condiciones.  Muchas de ellas carecen de agua potable y electricidad, el mobiliario está destruido, así como la mayoría del inmueble, por la falta de mantenimiento constructivo.

En las inmediaciones de los centros escolares es usual la presencia de vertederos de basura y escombros. Los pioneros de la patria de Martí asisten a clases sin poder injerir un vaso de leche; tampoco se les brinda almuerzo en las escuelas. Los padres que pueden darse ese lujo, entregan a sus hijos, a través de una cerca o barrera de cemento, el almuerzo en cantinas.

Precios de los juguetes en las TRD

La ideología está primero, el niño no importa; esta filosofía se encuentra presente en cada faceta histórica del sistema social entronizado en la isla.

Basta recordar la bella tradición universal del día de reyes, hace años suprimida por el régimen; hasta la fecha fue borrada de los calendarios, los niños cubanos no conocen de reyes magos y mucho menos de juguetes, aun cuando las tiendas de recaudación de divisas permanecen abarrotadas de todo tipo de implementos y fantasías que los padres no  pueden adquirir por la carencia de recursos y la pobreza en que vive más del 90% de la población cubana; los juguetes, la carne, la leche y hasta el calzado son lujos en la sociedad cubana entre muchas otras calamidades.

No se trata del Tamagoshi famoso, es obra de doctrinas ideológicas que como herencia nos dejó el régimen comunista.

Desde pequeños a los niños de la isla se les inculca la obediencia a la ideología y los bombardean con consignas como: “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”.

Solo que los psicólogos, pedagogos y pediatras nunca se han pronunciado en el sentido dañino y destructor de dicha doctrina ideológica. Resulta cruel destruir los sueños, ilusiones y fantasías de un niño.

Como pueden apreciar, ya no se trata del famoso Tamagoshi y su polémica, sino de la herencia que nos legó el sistema comunista desde tempranas edades, inculcando su veneno como reflejo del irrespeto por los derechos de la niñez.

Valdría la pena profundizar en la infancia de los gobernantes cubanos, tal vez esa sea una de las causas por la cual pasan por alto la importancia de un niño en cualquier sociedad del mundo. 

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