lunes, 13 de enero de 2014

La fiesta de la malta a granel a 17 kilómetros de la capital

Policías vigilan una cola de personas que compran malta. Fotografia del autor.

Por William Cácer/ Hablemos Press.

COTORRO, La Habana, 13 de Enero.- Un gran despliegue policial tuvo lugar en el municipio Cotorro, a 17 kilometro del centro de la capital cubana, donde cada 8 de enero se oferta la posibilidad a la población de comprar malta a granel y en moneda nacional.

“Esto es una vergüenza. Hay tantos policías como en las movilizaciones del Primero de Mayo”, dijo en tono burlón un caminante que pasaba por el lugar.

Desde el 8 de enero de 1959, fecha en que el ex dictador Fidel Castro hizo su entrada triunfante a La Habana, cada día en esa fecha estudiantes de la enseñanza primaria, vestidos de verde olivo, rememoran el acontecimiento tal como sucedió aquel día, según las versiones oficiales.

Aunque los actos oficiales para celebrar los 55 años de la entrada de Fidel Castro y su caravana de rebeldes a La Habana, en 1959, fueron aplazados por el mal tiempo, y el gobierno municipal decidió vender la malta a la población.

La actividad política es organizada por el Partido Comunista, y año tras año culmina con la venta de malta -en moneda nacional- a la población, que desesperada arremete a empellones y piñazos contra los pícaros que tratan de adelantarse en la enorme cola.

“Yo marqué en la cola desde las 5:00 am y a nadie le voy a permitir que me haga pasar por tonto. El que se me meta delante lo tiro al piso de un puñetazo”, dijo Rigoberto Castillo, un vecino del lugar.

Esta bebida sólo se puede adquirir en las llamadas “shopping”, tiendas que son propiedad privada del régimen militar de Raúl Castro; el precio es de 0.60 cuc, el equivalente a un día de trabajo de cualquier obrero.

“Yo sólo gano 320 pesos (13 cuc) mensualmente y no puedo darme el lujo de comprarla en las tiendas recaudadoras de divisa; tengo 4 nietos y mi salario apenas alcanza para comer una semana”, dijo Ofelia Valdés, una anciana residente del lugar.

Aunque una inmensa mayoría de los pobladores decide no     participar en tan bochornoso acto de humillación, otras personas no piensa del mismo modo.

“Agradezco al Comandante en Jefe Fidel Castro por ofrecerme la posibilidad de tomarme una malta cada 8 de enero”, dijo un anciano que exhibía algunas medallas en el pecho que se negó a dar su nombre.

Tomando la experiencia de años anteriores, el gobierno municipal orientó triplicar el número de policías que normalmente utilizan en esta labor, así como vender sólo 5 litros por persona.

“Este año no he visto a nadie dar una patada o un piñazo; está más organizado que años anteriores, y están despachando sólo 5 litros, para que todos alcancen”, dijo Alejandro Triana.

A pesar del torrencial aguacero, aún a las 9.00 pm una gran multitud de personas con cubos, jarras y palanganas aguardaban por comprar el líquido de la discordia bajo la tintineante luz del alumbrado público.   

VIDEOS