viernes, 24 de enero de 2014

Con violencia y temor no se puede salvar una nación

Por Jorge Alberto Liriano Linares/ Hablemos Press.

LA HABANA, 24 de Enero.- Durante mis largos y duros años en prisión tuve el honor de compartir el encierro con un sabio sacerdote cristiano, Omar Gude Pérez, también prisionero de conciencia; nunca más supe de él; pero siempre que las noticias dan cuenta de atropellos contra las Damas de Blanco, empujones, insultos, escupitajos, y como si fuera poco tanto ultraje, los golpes y el allanamiento de sus hogares, recuerdo las oraciones de aquel pastor que invocando a Cristo derramaba lágrimas, expresando que: “con violencia y terror no se puede salvar una nación”.

A inicios de este año, la digna casa sede de las Damas de Blanco fue invadida; los juguetes para los niños cubanos que no tienen acceso a ellos fueron robados; hasta las prendas de vestir de la insigne Laura Pollán, fundadora del Movimiento Feminista, resultaron incautadas.

Nuevamente las bestias mancillaron cobardemente la moral y los principios de estas mujeres que se han atrevido a asumir el papel que corresponde a muchos y que una mayoría todavía esquiva tomar; estas mujeres a lo largo y ancho de la isla han demostrado que el coraje que les sobra nace de la fuerza creadora que llevan consigo.

Cabe preguntar, a aquellos que dicen defender los ideales de los padres de la patria y del más insigne de los cubanos: ¿Qué haría José Martí ante unos compatriotas que pensaran diferente a él? ¿Los insultaría? ¿Convocaría a las masas para apalearlos, escupirlos o vejarlos? ¿Ordenaría encarcelarlos bajo falsos argumentos acusatorios o simplemente como enemigos?

¿Proclamaría una guerra para exterminarlos, consignas o machete en mano? ¿Enviaría turbas dirigidas, donde cobardía y fanatismo se dan la mano, crispados por el rictus del odio? ¿Tendría Martí, Agramonte, Gómez y Maceo la desfachatez para cometer un acto tan desigual y canallesco? Me atrevo, con entera seguridad, a responder negativamente.

Creo que Martí y el resto de los que libraron las gestas libertadoras; discutirían y escucharían, sin impedir las participaciones de la contraparte; concedería y respetaría un espacio a todas las ideas para convencer con argumentos sólidos; excluyendo el uso de palos, piedras y todo tipo de violencia en aras de descubrir el mejor camino; integraría el mejor proceder.

El Apóstol razonaría de acuerdo al postulado evangélico del amor con todos, pues precisamente se trata de cosechar en una Cuba donde todos aporten lo mejor de cada uno.

Como decía mi amigo, el Reverendo Gude Pérez, “no se puede salvar una nación ni un propósito, por bello que parezca, desatando el terror contra enmiendas, variantes o propuestas diferentes. No se protege una nación creando enemigos internos, fomentando la discriminación política, ideológica, de religión, cultural y racial”. 

Las Damas de Blanco son el grito de conciencia lanzado al pueblo de Cuba; es la mejor carta abierta a la que debe responder cada cubano; es uno de los proyectos sociales más dignos y con mayor moral de las últimas décadas; son las madres de la Patria.

Sobran muchas razones ante el llamado a poner fin a la violenta represión contra estas valientes mujeres cubanas.

1 comentario:

Pedro Benitez dijo...

No hay una muchacha bonita que le pida el numero de telefono a los mal llamados "hombres" que intimidan con frecuencia a Marta Beatriz Roque, pa' yo y unos amigos que yo tengo aqui llamarles a la 1,2,3,4 y,5 de la manana de parte de la Corte Internacional de justicia.

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