jueves, 16 de enero de 2014

Compañía Robín Hood S.A

Por Pablo Morales Marchán/ Hablemos Press.
LA HABANA, 16 de Enero.- El reformismo raulista es la adecuación del régimen hacia una mayor competitividad de la producción nacional para el comercio exterior, y que desarrolle al mismo tiempo un mercado interno que abra el juego a las pequeñas y medianas empresas estatales, así como a la incipiente iniciativa privada, conocida como cuenta propismo.
El “putinismo caribeño”, término acuñado en alusión al presidente primer ministro de Rusia, Vladimir Putin, notorio por este tipo de reformas en su país y al contexto geográfico de la isla, pretende mantener la rígida estructura política existente y una apertura económica para los que mantengan una fidelidad al castrismo.
La nomenclatura está permitiendo una clase media emergente, (en realidad es clientelismo político habitual) que genere ingresos y deje de ser parásita, como parte de su nueva estrategia de supervivencia.
El empresariado extranjero simpatizante del régimen, cubanos y cubanas casados con estos, nacionales privilegiados con grandes sumas de dinero enviadas desde el exterior para fomentar negocios y consumo en la isla; una élite de artistas, deportistas y funcionarios estatales devenidos en hombres de negocios, y tecnócratas testaferros, entre otros, forman parte de esta nueva clase.
Se acabó el romanticismo revolucionario de expropiar (en realidad robar) a los ricos para dárselo a los pobres; el igualitarismo, la doble moral de simular humildad y sencillez al pueblo, mientras en secreto viven en la opulencia.
Se quitaron la careta, y ahora se ve de manera cotidiana a altos oficiales de las Fuerzas Armadas y el Ministerio del Interior con flamantes y modernos autos rodando por las calles, los hijos de los históricos (los Comandantes de la revolución) y sus allegados, participando en eventos de placer y negocios que antes se consideraban de burgueses y capitalistas.
Grandes mansiones para amantes y amigas, ciudades militares  con todas las comodidades para la oficialidad más obediente, entre un sinfín de prebendas para premiar a los más destacados esbirros que se destaquen en reprimir a la Sociedad Civil Cubana Independiente que luchan a brazo partido por las libertades y el desarrollo de la nación.

Un modo de vida suntuoso de la élite que acrecienta ostensiblemente la diferencia con la gran mayoría, reconvirtiéndose de un Estado Socialista benefactor (solo le queda el nombre) a un Capitalismo de Estado tercermundista.

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