viernes, 13 de diciembre de 2013

Cada domingo


Damas de Blanco reunidas en un parque aledaño a la iglesia Santa Rita de Casia en Miramar. Foto: Denis Noa.

Por Pablo Morales Marchán/Hablemos Press.

LA HABANA, 13 de Diciembre.- Duele el peso ardiente de la quietud dominical. Ahoga los recuerdos que pesan en la memoria, como sangre viscosa que no corre por las venas del día de asueto, declarado por el supremo celestial o por el sindicato de los que trabajan.

Macondo estafado por el surrealismo castrador, vendió al realismo mágico caribeño.

El verde campestre huérfano de ruidos urbanos, entrena los sentidos para cuando llegue el descanso final. Como un sordo que hace caso omiso al qué dirán, se comporta el entretenimiento en la campiña cubana.

Paisaje azul marino alquilado, oloroso a sal y a crema dorador europea para los que tienen convertibles o cuerpo moneda para cambiar.

Mientras en  un segmento de la 5ta Avenida capitalina, frente a una casa de Dios, mujeres convertidas en Damas de Blanco gritan Libertad, Libertad, Libertad y los perros guardianes de asesinos seniles, se niegan a reconocer que las nuevas Evas, no son costillas, aunque les rompan algunas de ellas.

Una tarde de domingo, murió un dictador chileno, tranquilo en un hospital, medio Chile lo lloraba, medio Chile suspiraba y sacaba de su corazón ciertas penas desatadas. ¿Será igual aquí?

En cualquier parque de Cuba, unos hablan de pelota, otros hablan de cambios, entre alcohol barato y permanente hastío.

Los hijos del dictador jugando golf, catando caros vinos, tomando fotos en cotos privados, toman una siesta en unas de sus tantas casas y otros hijos, los de la mayoría toman agua con azúcar y un pan para salir a la calle, (sino es que viven en ella) para ver “que inventan”.

Así está Cuba dividida, entre aquellos privilegiados y un gran grupo que espera poder comer una vez al día, antigua práctica citadina, ahora obligada práctica nacional, donde la población mayoritariamente campesina espera ver un guateque (fiesta campesina) en la TV cada domingo, llamado “Palmas y Cañas”, donde hasta hace muy poco las frutas y las viandas que ponían en las mesas de los invitados al programa eran de cartón, en una isla con tantas tierras cultivables, tanto sol y tantos sueños rotos.

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