miércoles, 20 de noviembre de 2013

Fair Play, perdedores


Por Pablo Morales Marchán/ Hablemos Press.
LA HABANA, 20 de Noviembre.- En las competencias deportivas y culturales las reglas están claras desde un principio y pueden perfeccionarse de manera gradual, siempre que se adecuen al consenso de los participantes.
Para hacerlas cumplir están los árbitros o jueces, que con sus conocimientos, experiencia y respeto hacen uso de su autoridad para premiar o sancionar, según sea el caso.
Todos tenemos el derecho a equivocarnos, pero dentro de un límite razonable. No se puede abusar de la indulgencia de los demás, porque eso te haría culpable a los ojos de Dios, aunque no creas en Él.
¿Hasta cuándo los Castro van a violar sus propias leyes, además de imperfectas en un grado inhumano, creadas para sancionar a los chivos expiatorios que el club selecto de campesinos uniformados decida enviar a las mazmorras del régimen?
¿Por qué la  intelectualidad  cubana dentro de la isla no está comprometida con la verdad del pueblo, y denuncia que la identidad cubana no es bailar Son montuno o Conga; comer arroz congrí, yuca con mojo, bistec de puerco y plátanos fritos, entre otras cosas, sino que lo primero y más importante es sentirse orgulloso de ser cubano siendo respetado como ciudadano de primera clase en tu propio país?
Los Castro sólo quieren el dinero de los extranjeros con los negocios y el turismo en la isla, y a su vez el apoyo político del pueblo cubano a través de sus controladas organizaciones políticas y de masas, para perpetuarse en el poder y continuar amasando sus grandes fortunas, disimuladas en otros países bajo identidades representadas por testaferros de ocasión.
Por no existir una prensa responsable que los denuncie y un sistema judicial independiente y ético que los sancione, las oportunistas y mediocres fuerzas represivas del gobierno, con su malévolo plan de terrorismo de Estado, continúan amedrentando a la ciudadanía.
Hay muchos cómplices activos y pasivos que contemplan el crimen en silencio a cambio de ciertos privilegios; aunque no faltan los fanáticos de este absurdo sistema, que trata de vender al exterior un mundo virtual perfecto, mientras reprime a quienes denuncian la pobreza, la falta de libertades y la esclavitud de nuevo tipo.

Nada es para siempre, y las dictaduras hace tiempo son una vergüenza en un mundo tan globalizado, donde si no te integras de manera democrática, estás fuera de juego y sancionado por el tribunal de la historia de las civilizaciones.

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