sábado, 23 de noviembre de 2013

Ciudadano del mundo

Por Pablo Morales Marchán/ Hablemos Press

LA HABANA, 23 de Noviembre.- Para que un ser humano pueda entenderse con sus semejantes, no debe juzgar ni hacer conclusiones por anticipado. Primero, debe establecerse la confianza; y luego, de manera desprejuiciada y humilde, mostrar tus puntos de vistas acerca del asunto del que se trate.

Respetar el libre albedrio, es lo que permite la convivencia sana, creativa y productiva. La imposición que violenta derechos ajenos, rompe con el equilibrio natural de las cosas y retrasa el desarrollo armónico de todos los procesos. Se gira alrededor del sentido y el bienestar común, y no de quién se cree con el derecho de quebrantar el orden debido.

En una era en que las tecnologías de la información y las comunicaciones se desarrollan incesantemente, y en algunos casos ya no es necesario estar  presentes físicamente, (aunque vivas al otro extremo del planeta) el entendimiento es la única forma posible de lograr resultados beneficiosos de manera permanente para todos los implicados.

El mundo es diverso, complejo y sobre todo inabarcable para quien pretenda dominar todas las acciones que se producen en él. Desde la obsoleta e infame dictadura del pensamiento hasta la imposición violenta, a cualquier nivel de las relaciones humanas, estas actitudes son contraproducentes. El terror no infunde respeto; al contrario, genera una violencia oculta que puede explotar en cualquier momento.

No importa el aparente grado de impunidad, de riqueza material o de complicidad vergonzosa; para ser ciudadano del mundo se necesita una condición elemental: el respeto integral a tus semejantes.

Serás un cavernícola extremista si crees tener todo el tiempo la última palabra, y no te ofendas si te llaman Hitleriano, Maoísta, Estalinista o Castrista.

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