miércoles, 6 de noviembre de 2013

Che, ¿ejemplo para los cubanos?


Por Pablo Morales Marchán/ Hablemos Press.

LA HABANA, 6 de Noviembre.- Muy pocas figuras de la historia de Cuba fueron comunistas o se identificaron con esta corriente ideológica.

La idiosincrasia del cubano nada tiene que ver con los preceptos de esta tendencia política.

El comunismo se instaura en la isla por oportunismo político de Fidel Castro para lograr el apoyo de la otrora Unión Soviética en la época de esplendor de la guerra fría.

Escuchar a nuestros niños en las escuelas decir: “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che” es lesivo a nuestra vergüenza nacional.

Ernesto Guevara fue un aventurero homicida, que viajó por medio mundo creando guerrillas, reforzando movimientos insurgentes en países del tercer mundo, teniendo su país de origen (Argentina) grandes problemas por resolver.

Ayer, era internacionalismo proletario lo que hacía este pretendido adalid tercermundista hoy convertido en mito, por obra de la mercadotecnia de izquierda, que lo vende como si fuera un héroe salido de las historietas para niños, cuando lo que en realidad hizo fue expandir el terrorismo internacional y la injerencia en los asuntos internos de otras naciones.

Nuestro apóstol José Martí, Camilo Cienfuegos, Antonio Maceo, entre otros, tienen sobrados méritos para ser el mejor ejemplo de conducta a seguir por todos los cubanos y cubanas; sin embargo, por no ser comunistas están relegados a planos secundarios.

Hoy, ser militante del Partido Comunista de Cuba (PCC) o de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) es una ventaja para encontrar buenos empleos, por la supuesta confiabilidad ideológica de estos personeros que sirven al régimen.

La Constitución de Cuba le dá todo el poder al PCC, siendo éste el único legalmente permitido. Con un pequeño por ciento de membrecía, en comparación con el número de nacionales que dicen representar; ellos, no son la vanguardia de este país.

Mañana, en una Cuba democrática muchos de estos comunistas intentarán librarse de responsabilidades por tanto descalabro. Argumentarán que sólo cumplían órdenes como soldados políticos que eran, cuando en realidad era un servilismo oportunista.

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